Síntesis semanal No. 361

Lunes 23 a lunes 30 de junio de 2008
 
Entrevistas

- Sergio Micco: Las “otras fuerzas” que unen la Concertación
- Ministro SGG Francisco Vidal inicia nueva etapa: "El gobierno tiene que entenderse con los medios", por Claudia Andrea Sánchez
- Senador PPD Guido Girardi, frontal: "Estoy por hacer política testimonial, aunque perdamos"
- Cristián Larroulet - El cerebro derecha chilena
- Presidenta Michelle Bachelet: "Todo mi dolor se transformó en otra fuerza", por Gabriela Cañas
-
Elena Varela y su defensa desde la cárcel “Estoy presa por la información que manejo”
-
Marcelo Trivelli (DC): Si yo fuera Presidente...
-
Nicolás Eyzaguirre, ex ministro de Hacienda, analiza la coyuntura: "La política fiscal ha estado en la senda apropiada"
- Rodrigo Alvarez: Vicepresidente UDI advierte que candidaturas municipales pueden depender de informes
-
José Zalaquett: “La justicia y la clemencia no son irreconciliables”

Cuadro de texto:

El vicepresidente DC Sergio Micco advierte que también hay fuerzas centrífugas que llevan a su división: Las “otras fuerzas” que unen la Concertación
Por
Verónica Muñoz

Cuando el tema de las dos listas de concejales dejó fisuras en la coalición, el vicepresidente DC Sergio Micco constata que hay fuerzas que apuntan a dividirla, como el hecho de haber cumplido la misión para la cual se fundó. Sin embargo, destaca que otras fuerzas contribuyen a unirla, como la aspiración de lograr mayor igualdad así como una democracia más representativa y participativa.

-¿Qué le pasa a la Concertación hoy?

-Cuando la DC tomó la decisión de hacer una coalición, al igual que los otros partidos no sabía cuánto tiempo iba a durar. Esto partió con la Concertación de Partidos por el No y cuando se transformó en la Concertación de Partidos por la Democracia, nuestro objetivo fue estar juntos hasta que se consolidara la democracia. Ya hemos elegido cuatro presidentes de la República, el orden público está garantizado, no hay fuerzas políticas que cuestionen la democracia, las Fuerzas Armadas están subordinadas al poder civil y no hay grupos armados.

-¿Misión cumplida?

-Uno podría decir que la Concertación realizó su misión y que ahora viene un nuevo período. En la elección de Ricardo Lagos los democratacristianos votamos por el primer Presidente socialista que llegaba al poder después de (Salvador) Allende y no se alteró la estabilidad política del país. Ésa es la primera cuestión que hoy día se plantea en la DC y en los demás partidos de la Concertación: ¿si ya consolidamos la democracia, se justifica que sigamos juntos?

-¿Se ha escindido la coalición tras cumplir sus objetivos?

-En segundo lugar está la influencia exterior. Desde la Internacional Socialista se les dice a los socialistas chilenos, a los PPD y radicales, ¿hasta cuándo siguen en un Gobierno de coalición con la DC, administrando un modelo económico en que el 80% lo controlan los privados? En la nueva izquierda veo gente como Guido Girardi, que van a un encuentro en Europa y les preguntan cómo es posible que en Chile todavía no exista una ley de aborto o que tengamos una política ecológica tan permisiva con los grandes grupos económicos. Y muchas veces ellos van a decir que no pueden hacer mucho más porque están en un Gobierno con la DC.

-¿La DC también recibe esa influencia?

-Claro, desde Europa se cuestiona porque el equivalente a la DC chilena allá es oposición a los socialistas y, además, están ganando las elecciones, con Berlusconi, por ejemplo, en Italia, o en Francia. Allá están votando por lo que un cientista político definía como el sarkoberlusconismo, que son tipos conservadores católicos -o dicen serlo-, que admiran mucho a la Iglesia Católica y promueven la imagen del empresario exitoso; les gusta Estados Unidos, pero tampoco tienen problemas para intervenir la economía desde el Estado, protegiendo a grupos sociales, sectores agrícolas o la industria nacional. La gente que rodeó a Zaldívar está apuntando a refundar un movimiento con esas características que han tenido éxito en Francia o Italia.

-Hay desgaste además

-Estamos participando en una coalición que tiene un desgaste muy grande después de 20 años de democracia. Hemos de haber perdido 800 ó 900 mil votos en los últimos diez años, donde la pérdida más fuerte de votación se da en la DC. Entonces es obvio que las fuerzas centrífugas que están llevando a la división de la Concertación son muy fuertes.

-¿En esa perspectiva la solución es volver a los tres tercios o construir el megapartido de que habla Enrique Correa?

-A mí no me gusta la idea del megapartido, porque lejos de hacernos crecer nos va a achicar. Mucha gente va a decir que está de acuerdo en trabajar con los socialistas, con el humanismo más liberal del PPD, con el humanismo laico de los radicales, pero representamos subculturas políticas diferentes y los dirigentes de los partidos no podemos manipular eso. Va contra una realidad que es muy fuerte y terminaría por debilitar la Concertación. Precisamente la gracia de esta coalición es que en ella hay subculturas diferentes.

-¿Los tres tercios?

-La historia de Chile demostró que un sistema de tres tercios fracasó en construir una mayoría social y política para hacer cambios profundos.

-¿Una Concertación unida por el binominal?

-Yo agregaría que algunos comportamientos, como la acusación constitucional contra la ministra de Educación Yasna Provoste y la reacción que está teniendo la derecha contra la promoción de la educación pública, hacen que uno se pregunte qué van a hacer si llegan a controlar todo. Entonces, los partidos que integran la coalición podrán tener conflictos entre ellos, pero al final la pelea con la derecha sigue siendo mucho más marcadora dentro de la cultura política de la Concertación. Por esas razones no creo que se vaya a producir un quiebre de la Concertación, más bien lo que se está produciendo es un realineamiento en el cual hay gente que ya tomó la decisión -Chile Primero y el PRI con los colorines- de separarse de la coalición e iniciar un camino que por la ley de la polarización política los va a llevar directamente a la derecha. Hay que ver lo que ocurrió con la acusación constitucional y también ahora en el tema de la ley de amnistía, donde han actuado con la derecha.

-¿Hay otros aspectos que contribuyan a mantenerla unida?

-La democracia está consolidada, pero también es de muy baja calidad, con dos o hasta tres millones de jóvenes fuera del sistema político, con una institucionalidad política que reformada y todo sigue siendo completamente heredera de la guerra fría y de la Constitución del 80, sin mencionar el centralismo. Falta una democracia más representativa y participativa. En segundo lugar, persiste una gran desigualdad socioeconómica. Después de Brasil, Chile es el país más desigual de América Latina, que es el continente más desigual del mundo. Creo que tenemos un problema muy grave si creemos que vamos a lograr más igualdad rompiendo la Concertación, aliándonos con la derecha. De ahí que la Concertación no sólo se sostiene por un eje democracia-dictadura, sino también por un segundo eje de carácter socioeconómico, de igualdad versus privilegios. Esto constituye un punto de unidad muy fuerte.

-¿Cómo ve a la DC en este contexto?

-Soledad Alvear demostró que tomó decisiones muy importantes cuando le dijo a Adolfo Zaldívar que no podía permitir que siguiera acusándonos de ser corruptos o que votara en contra de proyectos emblemáticos del Gobierno en momentos muy críticos. En el Quinto Congreso hubo un pronunciamiento muy categórico de las bases de la DC, que yo diría que son de centroizquierda, no de derecha. Se planteó una nueva Constitución Política para Chile, un Estado social y democrático, queremos subir de 4 a 8 puntos el aporte estatal a la educación, en salud queremos llegar a 7 puntos del PGB, queremos facilitar acceso al mar a Bolivia. ¿Todo eso lo vamos a hacer con la derecha?

-Hay algunos que sostienen que la DC se ha ido muy a la izquierda.

-Detrás de la gente que se fue del partido estaba ese diagnóstico, son los que han optado por el camino propio, pero no les veo futuro. (La Nación 23)

Ministro SGG Francisco Vidal inicia nueva etapa: "El gobierno tiene que entenderse con los medios"
Por
Claudia Andrea Sánchez

En estas dos semanas lo trasladaron a Defensa, no lo invitaron a exponer en la cena anual de la Asociación Nacional de la Prensa, tuvo discrepancias con el ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, se dijo que estaba aislado en La Moneda, que se peleó a gritos con el titular de Hacienda y desde la UDI, le recetaron que viera a un sicólogo... Ello, habiendo dicho además que estaba "hasta la coronilla de ineptitudes" cuando reventó la denuncia sobre irregularidades en la División de Organizaciones Sociales, dependiente de su cartera.

¿Debilitado? El ministro secretario general de Gobierno, Francisco Vidal, asegura que no. Que sigue contando con la más férrea confianza de la Presidenta Bachelet e incluso asegura que no habrá cambio de gabinete este año. Sin embargo, hay dos puntos que sí concede: que a veces tiene discrepancias con Pérez Yoma -aunque aclara que ello no ha afectado la convivencia al interior del Comité Político- y que, desde ahora, se marcó un punto de inflexión en su relación con la prensa: no más ataques a los medios.

"Ya dije lo que pienso", dice. Y añade que "el Gobierno tiene que entenderse con la prensa".

-Partiendo por el final, ¿cómo se gestó el «abuenamiento» con Pérez?
-Edmundo me llamó después de leer alguna prensa y dijo que no podíamos seguirle dando afrecho al chancho porque no tenía sentido, no es real. Y me dijo que tenía una reunión con la Presidenta a las 8:30 y que nos juntáramos arriba -en el despacho de Bachelet- para conversar y si había prensa, que le habláramos.

-¿El le dijo «acompáñame, demos una señal»?
-Sí, claro, tal cual.

-¿La Presidenta citó a Pérez por este tema?
-No lo sé, pero no es excepcional que lo llame. No he hablado ni con la Presidenta ni con Edmundo, porque se fue a Temuco y, después, a Puerto Montt.

-¿En definitiva, hubo discrepancias entre Ud. y Pérez Yoma?
-Yo creo que no, de verdad. Aquí lo que hay es una última semana de un triunfo importante para el Gobierno que se expresó en el salario mínimo, en el Fondo del Petróleo, en la LGE. Es tal la cantidad de cosas que hay que resolver y las dificultades que enfrentar, que hay poco tiempo para que estemos con estas rencillas.

-Pero el ruido viene de alguna parte...
-Los entornos son increíbles, pero bueno... Sería imposible que siempre pensáramos exactamente lo mismo en todo.

-Por ejemplo, Pérez Yoma dice que al Gobierno no le complica el adelantamiento del debate presidencial y Ud. sostiene que eso debe ser post elecciones municipales.
-Claro, y mi pega sobre ese tema es dar la opinión de la Presidenta. Lo ha dicho varias veces. Siempre ha habido debate después de las municipales.

-Pérez Yoma dijo que había una maniobra política en las denuncias de irregularidades de la DOS, y Ud. dijo que esa denuncia era seria...
-Sí. Nadie puede obligar a cinco seres humanos -que son el Comité Político más la Presidenta- a que pensemos igual en todo. Si alguien dijera que eso es así, no es correcto. Provenimos de historias distintas ytenemos, a veces, legítimas diferencias. Lo importante es que ellas se debatan y una vez que se resuelve, todos estemos detrás.

-¿Recibió alguna crítica de Pérez Yoma sobre el manejo suyo con la DOS ?
-No. He recibido críticas que han apuntado a que por qué algo que salió en una revista, lo coloqué en la televisión. Cuando hay una investigación de un medio, sea éste masivo o no, mi problema no es submarinearlo, sino que iluminarlo porque ésa es la única forma de hacer las cosas bien.

-¿Esa crítica fue del director de la Secretaría de Comunicaciones, Juan Carvajal?
-No. De equipos de trabajo, de periodistas. Pero no me arrepiento, hay que ser inflexible y completamente transparente en el minuto.

-Ayer Pérez Yoma y Ud. hablaron medio en broma, pero medio en serio de que tenían que "convivir"...
-Yo no tengo problema alguno en convivir con él. De hecho hemos convivido 6 meses desde el punto de vista político y no tengo ninguna diferencia, ninguna.

-¿Y él con usted?
-Ha dicho que no.

-Pese a su ironía, ¿qué hay de cierto en que él fracasó en su intento por sacarlo de La Moneda?
-Fue una muy buena salida porque, a través del humor, uno distiende. Y finalmente, los que deben estar molestos son los que levantaron la discrepancia a partir de rumores.

-Pero él puede pensar que Ud. tal vez lo haría mejor en Defensa.
-Claro. Otros pensarían que lo haría mejor en Bienes Nacionales y Julio Dittborn me mandó al psiquiátrico.

-¿El le ha preguntado si le gustaría irse a Defensa?
-Los diálogos entre nosotros no son así. El sabe que a mí siempre me ha gustado la Defensa, pero de partida no hay ningún ministro que reparta ministerios. La única que lo hace es la Presidenta.

-Pero puede sugerir.
-Sí, pero ella decide. No hay cambio de gabinete en el horizonte político de este año. La Presidenta ha decidido no hacer ningún cambio. Y nadie se lo ha pedido tampoco.

-¿Hace un mea culpa en sus, a veces, exasperantes críticas a los medios?
-Respecto a los medios, cerré una etapa porque he dicho todo lo que pienso de cada uno. Sé que eso es particularmente incorrecto, pero dormir tranquilo vale más que eso. El Gobierno tiene que entenderse con los medios, y el ministerio que se relaciona es el que yo conduzco. Tengo que separar, a partir de ahora, mis opiniones de la necesidad de una colaboración con los medios.

-La prensa lo "sancionó" al no invitarlo como orador a la comida de la ANP.
-Ayer llamé al nuevo presidente de la ANP, Guillermo Turner, y me explicó lo que había ocurrido. Más que quedarme en eso, acordamos una relación institucional entre él, como representante de la ANP, y el ministerio.

-¿Le expresó su molestia?
-Le dije que era raro, le pedí una explicación y quedamos que el próximo año, si es que voy, hablo...(risas).

-¿Va a mantener a Francisco Estévez en la DOS, o va a esperar el informe del contralor?
-Lo que Estévez me entregó el día lunes es bastante completo respecto a las denuncias del artículo de «El Periodista». No obstante lo anterior, esperaré el informe de la Contraloría. Por eso, agradezco al contralor porque le oficié el viernes a las 20 horas y la respuesta afirmativa la tuve el lunes a las 10 de la mañana. Desde el martes a las 16 horas, hay dos funcionarios de la Contraloría instalados en la DOS.

-Estévez reconoció que conversaron antes del emplazamiento público que Ud. le hizo.
-Son decisiones que uno tiene que tomar. Lo primero que me molestó es haberme enterado por los medios de prensa.

-Pero Ud. prácticamente lo echó por la prensa antes de que se defendiera.
-En este tipo de familias de temas, sentimientos y resquemores, todo lo subordino para que al país le vaya bien.

-El diputado Ascencio planteó la eliminación de la DOS. ¿Qué piensa usted?
-El origen de la DOS está en el régimen militar. Recuerdo que los desfiles para Pinochet se organizaban en la DOS y están los papeles. Ahora es una División de Organizaciones Sociales de verdad.

-¿Debería estar en otra repartición? ¿Qué relación tiene la DOS con una vocería de gobierno?
-Esa es mi tesis. Por eso estamos creando el Ministerio del Deporte y de la Juventud. Un ministerio político donde el tema esencial es la vocería, ni al deporte, ni al fortalecimiento de la sociedad civil, es decir, la DOS, los veo vinculados a éste.

-¿Cree que por la naturaleza del cargo no alcanza a ver todos los temas de la Segegob y se producen los desórdenes?

-Efectivamente, y yo preferiría ir mucho más al Parlamento. Yo este ministerio lo dejaría chiquitito, chiquitito.

-¿Por qué no lo hace e impulsa una reforma profunda en la cartera?
-Vamos a dar un paso con la creación del Ministerio del Deporte y la Juventud.

-¿Y eliminar la DOS?
-Va a ser un planteamiento de algunos parlamentarios, pero no la eliminación, sino que ver si se va a Mideplan, al Mineduc o a Trabajo.
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Cuadro de texto:
Senador PPD Guido Girardi, frontal: "Estoy por hacer política testimonial, aunque perdamos"
Por Claudia del Solar

- Advierte que "una parte de la Concertación renunció a ser una fuerza progresista y está cooptada por el modelo". Insiste en que el oficialismo no puede renunciar a esas banderas y adelanta que rechazará la LGE.


Al senador PPD Guido Girardi no le importa que el vicepresidente de su partido, Ricardo Lagos Weber, haya firmado un acuerdo en La Moneda comprometiéndose a apoyar la Ley General de Educación (LGE). Tampoco le preocupa demasiado que Sergio Bitar lo haya instado a acatar los acuerdos del partido en éstas y otras materias... Otra vez contra la corriente, el también vicepresidente PPD advierte con fuerza que cuando la LGE llegue al Senado la rechazará.

"Yo estoy por hacer política testimonial, aunque perdamos, para poner frente a los ciudadanos cuáles son nuestros puntos de vista", dice. Y en ese espíritu, insiste en que "deberíamos reponer un proyecto para aumentar los recursos para la educación, terminar con el lucro, terminar con el financiamiento compartido manteniendo los prestadores privados sin fines de lucro".

-No le va a hacer caso a Bitar, entonces.
-No, porque tengo derecho a pensar. Además, por lealtad con Sergio, que presidía el PPD, al día siguiente que se resolvió apoyar la LGE levanté mi manito y dije que no estaba de acuerdo. Lo que ocurre es que por cariño a Sergio no he intentado oponerme fuertemente a esto, pero estoy seguro que si llevara a la instancia de decisión del PPD este tema, tendría un apoyo mayoritario.

-¿Por qué quiere darle más dinero a una educación pública que es considerada mala?
-Este debate tiene un error estratégico. Si tomamos los 20 mejores modelos educacionales en calidad en el mundo, casi todos son educación pública. Por eso, yo haría del debate de la educación pública el principal debate de la Concertación en este tiempo, porque además en este punto nos diferenciamos de la derecha, que va a defender a ultranza una visión neoliberal.

Este tema ya se instaló en la sociedad, en los pingüinos, en sus papás, y si los partidos no se suben van a quedar marginados. Yo no renunciaría a debatir el fin del lucro y del financiamiento compartido, aunque perdamos.

-Pero el gobierno defiende el acuerdo y ha dicho que la educación pública vendrá en un proyecto posterior.
-El gran error de este acuerdo es que no tocó el tema de fondo, que era la educación pública. Y a través de la LGE se hizo todo un debate de cómo mejorar la educación privada subvencionada, pero el problema es que vamos a quedar con un sistema privado subvencionado mejorado y musculoso, pero con una educación pública raquítica. Eso implica terminar por la vía de los hechos con la educación pública, porque ningún papá, aunque quisiera que en Chile hubiera una educación pública laica y no excluyente, va a poner a su hijo en una educación agónica.

-La Presidenta ha defendido con fuerza el acuerdo por la LGE.
-Yo no voy a renunciar a ser progresista. Si la Concertación quiere ganar las próximas elecciones, tiene que decirle a la gente que quiere sacar a Chile de un modelo de desarrollo desigual e inequitativo y construir una sociedad del conocimiento, un país donde se haga una apuesta fuerte en salud y educación, donde se regule la concentración económica.
Ese proyecto país es compartido por la mayoría. Si le pregunto a la gente si está de acuerdo que las mineras repatrien 25 mil millones de dólares y casi no paguen impuestos, estoy seguro que no estará de acuerdo.
-Cuando el gobierno lleve esos proyectos al Congreso no tendrá los votos.
-Es que nadie los lleva. Yo quiero llevarlos aunque sepa que voy a perder.

-Pero los gobiernos no son sólo testimoniales, tienen que mostrar resultados.
-No, tienen que hacer ofertas de país, tienen que ofrecer sueños. Entonces si tú consensúas todos tus proyectos con la derecha, estableces una suerte de cogobierno con ella. Y todos estos elementos de identidad nuestros, que nos permitirían diferenciarnos y que hablan de una sociedad distinta, más justa y más igual, se borran... La Concertación termina siendo casi lo mismo que la derecha.

-¿Es la Presidenta la responsable?
-A esta Presidenta no la responsabilizo de esto, ella cierra una etapa, pero para el próximo gobierno de la Concertación esto es inesquivable.

La pega de Michelle Bachelet es abrir este debate. No hacerlo es nuestro suicidio, renunciar a hacer una apuesta progresista y dejarle a la derecha que hegemonice el liderazgo político cultural.

-¿Y no seguir legislando, no hacer acuerdos, hacer política testimonial?

-¿Pero qué grandes proyectos legislativos quedan? La reforma previsional ya está aprobada. Entonces no importa que legislativamente no haya más avances, porque el tema de fondo es cómo se construyen más votos para la Concertación siendo ésta percibida como demasiado parecida a la derecha. Estoy seguro que si la gente vuelve a percibir que votar por nosotros significa un proyecto de sociedad distinto, vamos a ganar lejos las elecciones.

-¿No es desleal con la Presidenta echar abajo sus acuerdos?

-No creo que esto tenga que ver con la Presidenta, esto es histórico. A una parte de la Concertación este modelo de desarrollo le acomoda y se siente espiritualmente tranquila.

-¿Quiénes?
-Una parte de la Concertación renunció a ser una fuerza progresista y está cooptada por el modelo.

-Al poner estos temas se generan marchas, estudiantes en paro, problemas para la Presidenta...

-Pero si la Concertación quiere ganar las elecciones, lo tiene que hacer con un proyecto diferenciado de la derecha y de cambio real. Y si sigue siendo cómplice de la privatización de la salud y la educación y de mantener los niveles de desigualdad, nos estamos farreando una inmensa oportunidad. Yo voy como canuto con esta charla...

-A lo mejor tiene que ir a predicar al Comité Político.
-Lo he hablado con Andrés Velasco... Durante cuatro gobiernos la Concertación administró un modelo que a lo mejor no tenía fuerza para cambiar y que daba frutos, pero ya no da para más.

-Pero nadie le ha hecho mucho caso y Ud. está convencido de que si no da testimonio, la Concertación va a perder.

-Creo que va a perder, y no tiene mucho sentido que gobierne para hacer lo mismo que puede hacer la derecha, que por lo demás lo va a hacer con más entusiasmo.

-¿Y el candidato presidencial no hará ninguna diferencia? Soledad Alvear se lanzó, Frei tiene ganas, Lagos está a la espera e Insulza...
-No hay que tener como candidato a una persona, sino sumarnos a un proyecto, por eso yo no tengo candidato. No quiero una feria de exposición de cuál es más bonito, más joven, más mujer, más hombre... Esta vez voy a votar por el que tenga este proyecto o me voy a abstener de participar en el debate.

-¿La gente preferirá votar por Piñera porque tiene un mejor proyecto?
-Es que la derecha no tenía proyecto. Piñera está apostando a decir «mire, nosotros somos casi lo mismo que la Concertación, pero más eficientes, con elencos más nuevos, más comprometidos en el tema seguridad ciudadana y no somos corruptos», aunque ese puntal fundamental de su estrategia se les fue abajo con la corrupción en sus municipios.

-Ud. ha hecho una fuerte crítica a sus aliados de la DC y el PS porque se niegan a renovar los elencos.
-Una Concertación que no quiere renovarse en ideas, pero tampoco sus elencos, está condenada a morir.

-¿Basta con renovar el discurso?
-La gente votó por la Concertación desde el 88 en adelante porque había un proyecto de país distinto al de la derecha, más humano, más solidario, de mayor progreso. Pero hoy esas diferencias se han atenuado porque la derecha las ha hecho suyas.

-¿Cómo se diferencia?
-Si quiere ser gobierno, la Concertación debe ofrecerle a los chilenos un nuevo modelo de desarrollo que nos va a diferenciar de la derecha. A Piñera no lo veo hablando de concentración económica, basta mirar LAN, ni de aumentar la carga tributaria o el presupuesto de la salud o la educación pública, que también se está privatizando por la vía de los hechos.
Al sistema público le faltan 1.500 médicos especialistas en los hospitales, tenemos menos de una cama por cada mil habitantes. Así no se puede cumplir con el Auge y, como es obligatorio, los hospitales están gastando los recursos que deberían invertir en contratar más médicos en comprarle a los privados, que han construido más de dos mil camas. Fonasa está comprándole a privados unos $200 mil millones anuales en médicos y servicios. (La Segunda, 27)
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Cristián Larroulet - El cerebro derecha chilena
El Mercurio

Cuadro de texto:

Hace poco más de una semana, en una reunión con el ministro Secretario General de la Presidencia José Antonio Viera- Gallo, Cristián Larroulet se dio cuenta de que había esperanza para llegar a un acuerdo para la Ley General de Educación. El director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo desde 1990 y el ministro Secretario General de la Presidencia estaban solos, en una oficina cerca de La Moneda.

En su cabeza ordenada, Larroulet vio que en la medida que ambos sectores aspiraran a un articulado maximalista, definiendo educación pública, no habría acuerdo. Acuerdo que se buscaba hace más de un año, tras decenas de reuniones y que amenazaba con caerse ahora en el Congreso. Entonces, había que bajar expectativas, hacer una cosa "minimalista", como la calificó después Larroulet en privado a algunos cercanos. Referirse sólo a la educación municipal, o administrada por el Estado, que fue finalmente lo que se aprobó. Tras esa reunión, y de otra con la ministra Mónica Jiménez, la negociación llegó a puerto y Cristián Larroulet se anotó el triunfo que más le importaba, más que la propia ley: mostrar a una Alianza disciplinada, en contraste con el desorden de la Concertación. Estaba, en su estilo contenido, eufórico.

Pero el acuerdo de educación puso también en primera línea a un hombre que siempre ha estado en las bambalinas del poder, literalmente en el camarín de los debates presidenciales –con Hernán Büchi el 89 y con Joaquín Lavín diez años después, y en la difícil campaña de 2005–. "Hoy el gobierno sabe que para tener los votos de la Alianza necesita el visto bueno de Cristián Larroulet", dice un dirigente concertacionista. Y su influencia, desconocida para la mayoría de los chilenos, ha ido en aumento.

Desde la imponente casa de ladrillo que el Instituto Libertad y Desarrollo tiene en Alcántara, Larroulet no sólo se fue legitimando como un actor relevante ante toda la derecha desde 1990, sino también frente a la Concertación. Este año, el ministro de Justicia, Carlos Maldonado, la ministra de Vivienda, Patricia Poblete, la de Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, y el de Economía, Hugo Lavados, entre otros, han ido a tomarse un café al poderoso think tank. Atrás está la época en que el instituto se consideraba el refugio de ex ministros del régimen militar. A fuerza de surtir a la derecha de documentos, contenidos, de darle asesoría parlamentaria, se constituyó en el más importante centro de pensamiento del sector. Y en eso la capacidad de Larroulet es reconocida en el Gobierno y la Alianza. "Larroulet es el Boeninger de la centroderecha", sentencia el senador Andrés Allamand. Confiable, preparado y articulador de equipos, agrega.

"Larroulet es como un director de presupuesto. Tiene en la cabeza el aparato del Estado", dice un dirigente concertacionista que trabajó en la Ley General de Educación con él. "Allamand –miembro del grupo que trabajó el tema por la Alianza– está en la 'tesis del desalojo', y eso levantó a Larroulet", agrega.

En un escenario más crispado entre Alianza y Gobierno, la figura de este hombre nacido políticamente al alero de Jaime Guzmán, "ideológico pero tolerante" –como lo define un cercano–, ha crecido. "Larroulet es el gran negociador que tiene la derecha, porque tiene la libertad que le da el no querer figurar", dice un asesor del instituto. Es difícil encontrar a alguien que piense distinto. "En el gobierno es muy respetado, nunca he escuchado a alguien hablar mal de él", dice el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego, quien lo invitó a ser miembro del directorio de una escuela tecnológica en la comuna (ad honorem).

Quizá por eso fue nombrado cabeza del grupo negociador que coordinó con la Concertación el tema educacional. Finalmente, Larroulet y el coordinador de la Unidad de Currículo y Evaluación del ministerio, Pedro Montt, por lado y lado, lo afinaron. Y se movilizaron para salvarlo.

Pocos días antes, Larroulet había recibido otra gratificación. Libertad y Desarrollo recibió el Premio Icare 2008 en "categoría especial". "Hoy, Cristián Larroulet es el hombre más respetado de la Alianza por Chile". El abogado Miguel Luis Amunátegui es contundente: "Y el tipo más valioso de la derecha chilena". Amunátegui es miembro del instituto que preside Larroulet, pero vienen de orillas distintas: Larroulet del gobierno militar y el gremialismo, el ex dirigente de Renovación Nacional, de la derecha tradicional y fue miembro de la Comisión Valech para la Tortura, tema en el que Larroulet no ha entrado como no lo hace con ninguno que divida a la Alianza. Ni píldora, ni antes Ley de Divorcio, pese a ser definido como "conservador" y ser cercano a monseñor Francisco Javier Errázuriz (ambos son schoenstattianos). Libertad y Desarrollo no entra a esos debates. Ese pragmatismo, dicen sus cercanos, ha sido una de las claves de su ascendiente sobre la Alianza.

No es un tipo predecible. Pese a ser un tecnócrata, liberal y conectado con el mundo, se resiste a usar la tecnología. Casi no usa computador y toma nota siempre en un cuaderno. La verdad, tiene dos. Uno para el instituto, el otro para la Universidad del Desarrollo, de la que fue fundador hace 18 años. En la época de la campaña presidencial de Joaquín Lavín, manejaba uno más. Su secretaria Isabel Arredondo –que trabaja con él desde el gobierno militar– luego le pasa en limpio sus anotaciones.

Es un hombre austero. Su auto, dicen, es tan destartalado que no se atrevió a ir a buscar en él a Michael Porter, el gurú del marketing de Harvard que invitó la Universidad del Desarrollo hace unas semanas. En vez de portadocumentos, usa una mochila negra muy corriente, y en la oficina descansa un maletín que usa poco. En ese estilo austero, engancha bien con José Pablo Arellano, René Cortázar y el propio Orrego. Comparte con ellos el perfil tecnócrata y católico. En el pasado, compitió con Arellano por el Centro de Alumnos de Economía de la UC. Ganó Larroulet.

Pero después de ser presidente de su colegio (el Manquehue), de su facultad durante la UP y de la FEUC en 1974, no se presentó a nuevas elecciones. Las vivió desde entonces tras bambalinas, donde algunos dicen que está el verdadero poder. "Pero Cristián Larroulet está lejos de ser apolítico, es un 'hombre de cuadros, que milita en una causa", dice un dirigente de la Concertación. "Y para eso es imposible no tener habilidad política".

En la formación política de Cristián Larroulet influyó mucho su padre, Miguel, un agricultor francés que trabajó en todas las campañas de la derecha de su época y que fue alcalde de Puerto Saavedra. Los Larroulet Vignau vivían en Temuco. Ahí estudió en el colegio de La Salle hasta octavo básico, cuando se vino a Santiago y entró a los Sagrados Corazones de Manquehue.

Larroulet, flaco, deportista –en la selección de básquetbol universitaria fue compañero del actual ministro Andrade– y con dotes de líder, llegó a la Economía en la Católica en plena UP, año 71. Ahí conoció a Jaime Guzmán y se empapó del gremialismo. Antes del golpe fue elegido presidente del centro de alumnos de su facultad. Un año después, en 1974, el consejo de presidentes de centros de alumnos lo escoge presidente de la FEUC.

Recién recibido, en 1975, se va a trabajar a Odeplan con quien sería una de las mayores influencias en su vida: Miguel Kast, subdirector de esa entidad. Ahí estaba Joaquín Lavín. Tenían 23 años. Compartían la misma oficina en el segundo piso del edificio de la Galería España. Se hicieron muy amigos. En 1977, Lavín parte a Chicago. En Chile, Larroulet es uno de los jóvenes que asiste a Chacarillas con una antorcha "que portaban los miembros del Frente Juvenil de Unidad Nacional", como se recuerda en el libro La historia oculta del régimen militar.

Un año después, ya casado, Larroulet se va a estudiar a la Universidad de Chicago, "una experiencia extraordinaria", como repite. Su generación era la de Juan Andrés Fontaine, Jorge Selume –dos de sus grandes amigos hasta hoy–, Renato Peñafiel y el argentino Ricardo López Murphy. Lavín había llegado un año antes y ahí consolidaron su amistad. Vivían en el mismo edificio, en la 51 y Blackstone. Con ese grupo se sigue juntando hasta hoy, sagradamente, un fin de semana al año en el campo que Jorge Selume tiene en Talca.

"Larroulet no era el tipo genial, como Sebastián Edwards- que estaba un año más arriba que él– pero sí muy estudioso, muy reflexivo", recuerda un compañero.

A comienzos de los 80 volvió a Chile y empezó a hacer clases en la Universidad de Concepción (donde Lavín era decano).

Pronto se desató la crisis económica y una batalla al interior del régimen entre "duros" y "blandos", estatistas y los que querían una economía liberal, donde los Chicago quedaron mal heridos. Larroulet, asesor del ministro de Economía, renunció con la llegada a Hacienda de Luis Escobar Cerda. Se fue a la Universidad Adolfo Ibáñez y trabajó en el CEP.

Pero Pinochet ya se había fijado en Hernán Büchi, a quien Larroulet conocía de sus tiempos de subsecretario de Salud. El país estaba con un 22 por ciento de desempleo, cuando Büchi asumía en Hacienda, con Larroulet de jefe de gabinete, "un tipo ordenado y cuadrado con sus ideas, que les ponía orden a las locuras de Hernán", recuerda un ex subsectretario de esa época. Desde entonces y hasta hoy, Larroulet le reconocerá a Büchi características claras de liderazgo.

Larroulet sabía que era necesario un trabajo con la opinión pública. Y comenzó a desplegar sus contactos dentro del gobierno, pero también entre la oposición, en Cieplan, y otras ONG. "Larroulet es duro en términos de ideas, pero con guante de seda siempre", dice un amigo suyo. Y eso le sirvió desde entonces.

Se dedicó ciento por ciento a su trabajo en el gobierno, y cuando la derecha se fusionó en RN, en 1987, él no tuvo ninguna participación. Para Larroulet, la épica estaba en Hacienda.

Tras sus campañas presidenciales, Joaquín Lavín tuvo un cambio de fondo en muchos temas, especialmente el régimen militar. Cristián Larroulet, en cambio, "sigue siendo el mismo, ortodoxo en lo económico, orgulloso de la historia pasada que vivió", señala un dirigente de derecha. En eso, Larroulet tiene una enorme sintonía con Hernán Büchi, a quien además asesoraría en su primera campaña presidencial.

La campaña del 89 –en la que Sebastián Piñera era el generalísimo y Larroulet su segundo– quedó marcada con la "contradicción vital" del candidato, quien en mayo de ese año renunció. Larroulet jugó un rol clave en convencerlo de volver y desplegó todos sus argumentos. "Te puede dar 100, y sabe como tocarte la fibra", dice un amigo suyo desde los tiempos del Ministerio de Hacienda.

Pero la derrota de Büchi fue un momento clave en la vida de Larroulet. Todos sus amigos partieron a trabajar al sector privado –a él le ofrecen entrar a Soquimich–, pero él toma la decisión de dedicarse a los temas públicos y la "defensa de las ideas". Junto a Büchi decidieron crear un instituto que estuviera entre los partidos y el CEP (más académico y reflexivo) y que se inspirara en parte en modelos como el Heritage norteamericano.

En una casa de calle Triana nació Libertad y Desarrollo, al que le decían en principio el "Instituto Büchi". Larroulet articuló ahí a Cáceres –otro de sus referentes junto con Büchi–, Luis Larraín, Denise Couyunmdjiam, Patricia Matte, Lucía Santa Cruz y un equipo pequeño pero poderoso, donde después destacan Rossana Costa y Tomás Flores, entre otros investigadores.

En paralelo, RN había formado el Instituto Libertad "y por orgullo no cambiamos el nombre", reconoce uno de sus fundadores, lo que se prestó para confusiones. Pero Larroulet siempre peleó porque Libertad y Desarrollo fuera transversal y no ligado a un partido.

Por lo mismo, nunca quiso militar en la UDI. Ni cuando murió Jaime Guzmán, en abril de 1991. Sabía que su independencia era clave para tender puentes dentro de la Alianza. Y porque no quería que se dijera que Libertad y Desarrollo era el instituto de la UDI. Aunque –dice un dirigente de la Concertación– para el gobierno él es un UDI no militante.

En los primeros tiempos, LyD tomó una tarea más de contención que de acuerdos, de luchar para que no se modificara lo hecho en el régimen militar. Pero después, su círculo de influencia pasó de la UDI a la derecha, y luego la Concertación le reconoció importancia. "Eso ha sido el trabajo de años, y eso lo logró Cristián armando equipos en el instituto y luego en el día a día con los parlamentarios. Muchas veces él ha subsidiado a la Alianza con contenidos. Pero, sobre todo, lo ha conseguido gracias a su independencia", dice un dirigente de RN. "Larroulet es, por lejos, el técnico más respetado en el mundo parlamentario", agrega el diputado de RN Nicolás Monckeberg.

Durante el gobierno de Eduardo Frei, Larroulet integró la Comisión Nacional de Modernización de la Educación. También fue parte del Comité Interministerial de Modernización del Estado. Sus puentes con la Concertación aumentaron con la creación de Expansiva, donde encontró una especie de alma gemela al otro lado de la vereda. Tecnócratas y liberales con los que se podía negociar.

Si hubo un minuto en que Cristián Larroulet pudo haber dejado la segunda línea fue en 1999, a fines de la campaña presidencial de Joaquín Lavín contra Ricardo Lagos. "El día antes de la segunda vuelta con Lagos, en enero de 2000, nos juntamos con Cristián a un café", recuerda hoy Lavín en su oficina de la Universidad del Desarrollo. "¿Y qué pasa si ganamos?", le preguntó Larroulet. "No sé", le respondió el candidato. "Hablemos en una semana más"... Y agrega hoy: "No sabía lo que iba a pasar. Lo único que tenía claro es que, si ganaba, Cristián Larroulet sería ministro".

En esa campaña, Larroulet se convirtió en el marco teórico de Joaquín Lavín. El candidato le preguntaba todo. Larroulet era el hombre del programa y Lavín lo llamaba para chequear cada punto. El director de Libertad y Desarrollo tenía la última palabra. Su fuerte no era la creatividad, para eso estaba el "Choclo" (Carlos Alberto) Délano y Lavín. Larroulet era el ideólogo. Preparó un pequeño libro llamado Las 60 soluciones, una especie de programa de gobierno resumido.

Cuando el entonces ministro Insulza puso la Reforma Laboral en la palestra al final de la campaña, Lavín y los demás miembros de su comando pensaron que rechazarla les costaría caro. Cristián Larroulet fue de la opinión de que había que rechazarla igual. "En eso era mucho más purista que el resto, que estábamos pensando en la campaña", recuerda un miembro del comando. Finalmente, la Alianza votó en contra, la ley se rechazó y, según algunos, a Lavín le costó la elección

En esa campaña creció su valoración como técnico. Habían estado muy cerca de ganar.

No sería así en las presidenciales de 2005. Ahí, Larroulet mostró, más que sus dotes intelectuales, su tremenda lealtad con Lavín, que terminó la campaña muy solo.

"Ya en las municipales de 2004 había preocupación por el poco fervor hacia Lavín", recuerda un dirigente de RN, "pero Larroulet no quiso verlo". Tampoco vio con claridad la campaña subterránea que había iniciado Sebastián Piñera. Y su candidatura lo tomó por sorpresa. Cuando Piñera apareció en escena, Larroulet comento: "Ahora estamos en el peor de los mundos".

Unos meses antes, junto con Andrés Allamand, le había pedido a la economista Cristina Bitar –a quien no conocía– que fuera la generalísima de la campaña. Se hicieron muy amigos.

Los últimos meses de campaña fueron difíciles. Pero cada vez que Lavín llamaba a Larroulet, éste siempre le subía el ánimo. "Era el pilar emocional de Joaquín, su cabeza y su sombra", recuerda Bitar. La noche de la derrota, "dura y triste", como la definió después Larroulet, estuvo con Joaquín Lavín en su casa en San Carlos de Apoquindo. Ahí redactaron el discurso del adiós.

Cuando Piñera pasó a la segunda vuelta, Larroulet lo apoyó resueltamente, pese a que su decisión no fue del todo obvia para la UDI en ese momento y a que lo frustraba lo poco que escuchaba Piñera. Para Larroulet lo que realmente importaba era ser gobierno.

Después de la derrota de Piñera ante Bachelet, Larroulet partió a Lonquimay, como sagradamente desde hace años lo hace entre Pascua y Año Nuevo. A El Laguito, un lugar donde comenzó a ir en carpa y donde hoy tiene una cabaña. Su mujer es quien protege su intimidad y su descanso. Llevan 30 años de casados, y tienen 7 hijos y dos nietos. Ella, Isabel o "Lita" es hermana de Bruno Philippi y viven en un condominio familiar. La cercanía de Larroulet con el presidente de Gener –dice una fuente– implicó que Larroulet se distanciara de José Yurazcek tras el caso Chispas, en el que Philippi y el entonces gerente general de Enersis tuvieron roces importantes.

Un rasgo del carácter de Larroulet es la perseverancia. Cree –como le dijo Lavín en un discurso cuando Larroulet fue elegido el mejor egresado de Ingeniería Comercial en 2007– que "la gota que cae, que cae, que cae, termina por horadar la superficie". Otro de sus lemas es que los problemas son oportunidades.

Por eso, tal vez, aparte de fundar LyD tras la derrota de Büchi, formó la Universidad del Desarrollo junto con Lavín, Ernesto Silva, Carlos Alberto Délano y Federico Valdés. La idea se les ocurrió una noche, en un matrimonio. La UDD comenzó en Concepción, con Ingeniería Comercial. El primer decano fue Lavín y después Larroulet, quien lo es hasta ahora. Por eso, viaja mucho a Concepción, casi todos los miércoles de su vida desde hace 18 años.

Los lunes, en cambio, muy temprano, se reúne con los jefes de área del instituto y los jueves con asesores. Suele almorzar ahí y estirar el tiempo al máximo.

Por estos días, en que soplan aires de campaña y las encuestas se muestran favorables con Sebastián Piñera, en Libertad y Desarrollo saben que un eventual gobierno puede mermar mucho al instituto. Es un hecho que los think tanks mueren cuando pasan a ser oficialistas. Y también es un tema el que Piñera les pueda quitar el corazón: porque necesita a Larroulet. "Sebastián quisiera que Cristián estuviera más involucrado en su campaña", dice un miembro del círculo de hierro del empresario. "Pero Larroulet responde siempre que la Alianza aún no tiene candidato. Si fuera Lavín, su respuesta no sería la misma".

Pero Larroulet está esperando. Desde la Concertación especulan si él podrá mantener su buena imagen en caso de entrar a La Moneda. "Eso es fácil desde un instituto de pensamiento. Los papers resisten mucho. Pero en los gobiernos se pisan callos", reflexiona un dirigente. Y aunque Larroulet diga que no quiere ser ministro, que hay gente más joven, "se ha preparado toda la vida para eso. Andrés Allamand concluye: "Sería inimaginable un gobierno de la centroderecha sin Larroulet en un lugar importante". (El Mercurio, Revista del Sábado, 28)
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Presidenta Michelle Bachelet: "Todo mi dolor se transformó en otra fuerza"
Gabriela Cañas, de El País

La presidenta de Chile es uno de los líderes más valorados del mundo. Hija de un militar asesinado por los golpistas, la historia de esta mujer, separada, socialista y agnóstica conmueve.

La resiliencia es, según los expertos en psicología, la capacidad de algunos sujetos para sobreponerse a tragedias o periodos de dolor emocional. Si esa resiliencia es la adecuada, entonces el sujeto puede resultar incluso fortalecido a causa de los contratiempos. Michelle Bachelet se considera a sí misma una persona "resilente" con un instinto constructivo que le nace de forma natural, y ése puede ser, quizá, su gran secreto. Su secreto a voces. Hija de un militar víctima de sus propios compañeros de milicia, la dramática historia de Michelle Bachelet la hermana con la de miles de sus compatriotas, víctimas a su vez de un cruento golpe de Estado y de una dictadura cruel e implacable. Ella misma, junto a su madre, sufrió el cautiverio, unas torturas que siempre ha minimizado y, finalmente, el exilio.

Cuadro de texto:

Pero con la democracia que ella ayudó a restaurar, la socialista Michelle Bachelet acabó convirtiéndose en ministra de Salud primero y ministra de Defensa después. Jefa suprema, en fin, de esa institución que tanto dolor infligió a su vida y a la de su propio país; de una institución que ella aprecia en lo más íntimo.

Presidenta de la República desde enero de 2006, Michelle Bachelet es hoy uno de los líderes más conocidos y valorados del mundo. La revista Time la incluyó recientemente en el listado de los 100 personajes más influyentes del planeta.

En Chile, sin embargo, su liderazgo parece estar en horas bajas. Y ello a pesar de que todos los analistas internacionales coinciden en seguir señalando a Chile como el país más exitoso de América Latina por su crecimiento económico, por sus políticas sociales y su estabilidad financiera.

Los transportistas están en huelga y los estudiantes se manifiestan en las calles. La coalición a la que pertenece (la Concertación de Partidos por la Democracia) parece romperse. Concurrirá con candidaturas separadas a las próximas municipales por vez primera. Bachelet, a la que los analistas locales acusan de tardar demasiado tiempo en tomar decisiones, se ha hecho una foto con todos los presidentes de la coalición (Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos) para llamar a la unidad. "Inédito", critican. "Claro síntoma de debilidad".

La entrevista (pospuesta para un día después a causa de la crisis política local) tiene lugar en un suntuoso salón del palacio de la Moneda contiguo a su despacho, del que emerge con su cálida sonrisa y ese flequillo que le otorga un cierto aire de niña. Se deshace en disculpas por la espera (en realidad sólo ha sido de media hora), dice que lee todos los días EL PAÍS por Internet y rompe el hielo con una charla informal que facilita el encuentro.

Veo su retrato oficial en este palacio, vestida con chaqueta blanca entallada y la banda de Chile cruzada en su pecho, y me parece estar viendo la imagen de un militar.

No, no. Lo de la banda forma parte de las tradiciones republicanas de Chile, y el vestido es verdad que lleva unos botones que pudieran parecer [se ríe]. Pero no. Simplemente era un estilo que estaba de moda cuando asumí el cargo y era elegantito.

Se lo digo porque hay una parte de su biografía que se ha destacado poco y me ha llamado la atención: su curso de estrategia militar aquí en Chile y el de posgrado en defensa continental en Fort Leslie McNair (Washington) a mediados de los noventa.

Lo hice porque consideré que uno de los problemas que tuvimos en Chile era una falta de diálogo entre el mundo de la política y el mundo militar. Mi gran preocupación era cómo lograr no repetir una tragedia como la que habíamos pasado [el golpe de Estado y la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990]. Yo creía que en el mundo de la política y de la izquierda había que entender que las Fuerzas Armadas eran parte constitutiva del Estado y que teníamos que generar confianza entre ambos mundos, dejando atrás los prejuicios, para asentar las bases de la democracia. Porque la democracia es algo mucho más que la mera elección de los representantes. Lo importante y lo difícil es aprender a convivir con un espíritu de amistad cívica. Ése es el sentido de mi acercamiento a lo militar en plena transición política.

Pensaba que era un mecanismo de defensa; salvando todas las distancias, como el indígena americano que aprende el español, la lengua de los conquistadores, para combatirlos mejor.

No, porque ya estábamos en democracia. Era una manera de explorar cómo construir una sociedad sana y democrática y no reproducir los errores del pasado. Me parecía, además, que desde la izquierda no le habíamos dado el valor suficiente al mundo militar, como tampoco a la seguridad ciudadana.

¿Es la militar una institución que usted quiere especialmente, a pesar de todo lo ocurrido?

Yo sentí que a través de mi historia podía tender puentes entre los dos mundos. Mi acercamiento fue genérico, pero tuvo consecuencias en lo personal. Recuperé los afectos y descubrí que muchas de las cosas que yo había vivido ahí tenían que ver con mi carácter, con mi forma de ver las cosas. Mi padre era un hombre muy excepcional, un hombre muy recto, con gran sentido del deber y gran amor al país, a la patria. Es mi mismo sustento como política: sentir que uno se debe a su país, a la patria, pero no como un concepto abstracto, sino a las personas. Sentí que conectando la política con el mundo militar yo podía hacer una diferencia. Los valores que me enseñaron en mi familia me permitían entender mejor el mundo militar, tanto para reconocer aquello con lo que me identificaba como para cuestionar lo que no me parecía justificable, como los horrores y los errores que sufrió nuestro país.

El 11 de septiembre de 1973, los militares rebeldes, a las órdenes del general Augusto Pinochet, bombardearon este palacio en el que ahora estamos y asesinaron a su presidente Salvador Allende. Durante la dictadura pinochetista, que duró hasta 1990, murieron 3.197 personas y hubo 1.197 detenidos desaparecidos. Entre las víctimas figura el general de Brigada de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, el padre de la ahora presidenta de Chile.

Es impresionante la carta que les escribió su padre desde su cautiverio antes de morir: ?Me quebraron por dentro en un momento, me anduvieron reventando moralmente?. ¿Cómo vivió aquella pérdida?

Era difícil vivir aquello sólo desde la óptica personal porque lo estábamos viviendo de forma colectiva. La gente desaparecía, aparecía muerta. La sensación era que en Chile estaba pasando un horror que en lo personal afectaba a mi familia. Muchos otros estaban viviendo dolores muy profundos.

¿Y eso es consolador?

No lo sé [reflexiona largamente]. Era más bien una sensación de desamparo global [ríe con sarcasmo]. Desamparo en lo familiar. Bueno, yo estaba con mi madre, que era una mujer muy fuerte. Yo también soy una persona fuerte. Nos preguntábamos cuánto iba a durar aquello. Y en lo personal fue muy triste, muy doloroso, porque yo era además muy regalona de mi padre, la única niñita en casa y esa cosa tradicional de ser la niñita del papá. Teníamos una relación muy estrecha y cariñosa. Mi padre era muy protector. Y, claro, tuve todo el dolor de la pérdida, que luego reviví en muchos momentos de mi historia.

¿Por ejemplo? Cuando tuve hijos. Me hubiera gustado tanto. Mi padre era un padre entretenido. Así como era estricto, era un padre que jugaba con nosotros. Era deportista. Lamenté muchas veces no sólo no haber contado con él como hija; también que mis hijos perdieran esa oportunidad de tener ese abuelo que hubiera sido tan entretenido e interesante. Bueno, han tenido una abuela entretenida e interesante.

Pero de su madre no suele hablar, quizá lo haga luego?

Sí. Cuando yo soy elegida ministra de Defensa me habría gustado que hubiera estado ahí mi padre conmigo. También cuando fui elegida presidenta, aunque esa noche sentí que estaba conmigo. Estoy segura de que para él habría sido un tremendo orgullo. En realidad, siempre estuvo orgulloso de esta hija que era superbuena alumna, deportista, que tocaba la guitarra, que cantaba.

Ni siquiera le importaba que fuera usted una 'hippy'?.

Bueno, había un par de cosas que no le gustaban tanto. Además, yo era un hippy entre comillas, porque era una buena alumna y vivía en casa, no en una carpa por ahí.

Pero ya podría sospechar para entonces que usted no era muy convencional.

Es que yo le diría que en cierto sentido mi padre era poco convencional. No es casual que yo sea como soy. Era serio y protocolario, pero andaba en bermudas cuando en Chile no se usaban y no asumía el rol típicamente machista. Era abierto de mente, cuestionador y nada dogmático. Siempre respetó, adoró y tuvo una profunda admiración por mi madre.

¡Qué bien!

Sí, mi madre era una mujer inteligente. Yo tuve en mi hogar gente inteligente, cuestionadora del, entre comillas, "orden natural de las cosas". Por el contrario, para ellos el orden natural de las cosas es que la gente tuviera una vida de calidad, con justicia, con solidaridad, con humanidad, que no había ninguna razón para que hubiera pobres.

En 1973, cuando se produjo el golpe de Estado, su hermano mayor, su único hermano, ya fallecido, vivía en Australia. Tras la muerte de su padre, Michelle Bachelet quedó sola con su madre, Ángela Jeria, cuyas denuncias por lo que ocurría en Chile motivaron la detención de ambas. Era enero de 1975. Durante las tres semanas de prisión en Villa Grimaldi, las dos sufrieron "apremios físicos", según reza la biografía oficial. Bachelet siempre ha procurado eludir los detalles de los mismos. Otro militar conocido de la familia logró su liberación y huyeron al exilio, como miles de chilenos. Fueron a Australia. A Alemania, después.

Supongo que lo de Villa Grimaldi fue también terrible para usted. ¿Cómo ha podido superar y perdonar todo aquello?

No sé si mi capacidad de resiliencia, como le llaman los expertos, tiene que ver con mi padre o con mi madre. Probablemente con los dos. Porque mi madre tiene hoy día la misma actitud que yo. Ella cree que tenemos que aprender de la historia. Es arqueóloga, así que esto de la historia le importa mucho. Probablemente por esa historia familiar, yo diría que lamentando profundamente lo pasado, uno mira cómo puede ser un actor relevante en garantizar que este país sea un país mejor para todos en el futuro. Y esa actitud más constructiva, más propositiva (no quisiera calificarla), es lo que me nace naturalmente. Pero quiero serle muy clara. Hubo un momento en mi vida en que yo no estaba en esta actitud. Tenía dolor, rabia, ira. Pasé por todas las etapas, en lo personal y en lo colectivo. Pero primero hice mi duelo propio, primero enterré a mi padre, y después todo ese dolor se fue transformando en otra fuerza.

¿Y qué fue lo que más le ayudó a transformar esa fuerza?

[Tarda en contestar]. No sé. Tal vez? buscar la manera de que nuestro país recuperara la democracia.

¿Y ese deseo es tan fuerte como para aceptar que usted pudiera cruzarse por la calle con su propio torturador o el de su padre?

Efectivamente. Mi madre y yo nos encontramos a la vuelta del exilio con personas que tuvieron cargos relevantes, que tomaron decisiones complejas que significaron la muerte y las torturas de mucha gente. Y luego en democracia nos encontramos con mucha gente, incluso en el Parlamento, que tuvieron responsabilidades políticas importantes en lo sucedido. Y, bueno, se desarrollaron conductas democráticas de relacionamiento. Yo diría que nuestro país hizo una transición que algunos criticaron mucho, pero que ha sido bastante efectiva por su ritmo y su gradualidad.

Usted ha asumido incluso los sentimientos negativos que sufrió, motivados por el régimen de terror. Reconoció públicamente hace dos años no haber sido comprensiva con aquel novio suyo, Jaime López, que, bajo tortura, delató a sus amigos.

Hubo momentos de ira, de rabia, de dolor, y también de polarización de los afectos y de la capacidad de mirar las cosas. Pasados los años, hay que ser capaces de entender el proceso de una manera distinta. Hay cosas que no voy a justificar aunque pasen 400 años. Hay gente que hizo cosas horribles. Nunca les daré el beneplácito de admitir que no fueron lo que fueron: asesinos, traidores. Pero en el caso de este chico. Tenía 23 años y estaba asumiendo lo que otros no hicieron (se habían ido, se habían escondido). Ahora tenemos la posibilidad de poner en su justo término las cosas.

Tras el exilio, usted vuelve a Chile en 1979, llega la democracia y su vida parece convertirse en una película de final feliz. En 2000 es nombrada ministra de Salud; luego, de Defensa, y ahora, presidenta. Parece la victoria del bien sobre el mal.

Ja, ja. Luego le comento en off esa opinión.

Pero es así y Chile se ha convertido en el ejemplo de Latinoamérica.

Yo lo he vivido de manera distinta, como fruto del trabajo para sacar las cosas adelante. Hay que hacerse cargo de un nuevo Gobierno que me representa, un presidente que yo ayudé a elegir y me propone estas tareas y yo echo para adelante. Nunca lo he interpretado como un gesto de reparación. Obviamente, desde fuera se pueden sacar las conclusiones que usted dice.

Cuando fue ministra de Defensa pregonó ser mujer separada, agnóstica y socialista. ¿Fue una sorpresa para usted lograr después la presidencia de la República en un país que los propios chilenos tildan de machista?

Tengo la sensación de que la gente lo que buscó y recompensó fue la percepción de una persona creíble, honesta y dispuesta a trabajar por ella. Y siento que el humor es una parte importante de la vida que puede aligerar tensiones. Así que en la primera reunión que tuve con el jefe de las Fuerzas Armadas le dije todo eso de que soy agnóstica y madre soltera. El mensaje era: esto es así, sí, pero les puedo asegurar que vamos a trabajar bien. Hay falta de credibilidad en los líderes políticos porque lo que la gente busca y necesita son personas que de verdad trabajen por ella. El hecho de que yo hablara de mi condición y creencias tan abiertamente reflejaba a una persona consecuente y honesta.

¿Dice que ve falta de liderazgos políticos en el mundo?

Muchas encuestas en muchos países demuestran que los ciudadanos no sienten que los políticos se ocupen de las cosas que les pasan en su vida. Los sienten discutiendo de abstracciones y peleándose el poder por el poder, más que el poder para hacer lo que es necesario. Y en este sentido, creo que es lo que Chile necesitaba.

¿Y cómo se logra salir de ahí? ¿Cómo no dejarse arrastrar por la "alta política" y no perder pie con la realidad?

Creo que las mujeres, por nuestra experiencia desde que nacemos, estamos muy capacitadas para estar inmersas en la realidad. Porque nos toca hacernos cargo de muchas cosas, sobre todo sociales. Las chilenas, como supongo las españolas, se hacen cargo de la familia, de la casa, van a comprar el pan, saben los precios. Tenemos un aprendizaje social, desde muy chicas, que habitualmente nos hace prácticas, realistas y con conexión a tierra. Yo, además, leo los diarios todos los días, veo Internet, escucho a la gente, me escriben cartas y mails y leo todo eso. Yo converso con mi familia, que es una familia crítica, nada autocomplaciente. Me relaciono con mis asesores y no les pido que me cuenten que las cosas están estupendas. Lo que más desprecio es la lealtad entendida como incondicionalidad. Al revés. Para mí, la palabra lealtad significa decir lo que está mal y lo que está bien. Así que es difícil no tener una mirada realista.

La prensa local le critica mucho, y parece que los mismos rasgos que le ayudaron a ganar la presidencia son ahora mal percibidos.

Por un lado, la gente me dice: "No cambie. Por favor, no cambie. Usted es cercana. Nos ve. Existimos". Yo saludo, converso, abrazo, beso. Me río. Y la gente lo aprecia profundamente. Tengo la sensación de que mi estilo de liderazgo fue menos comprendido en el mundo de la política más convencional. Porque la gente que me eligió lo hizo sabiendo cómo soy. Pero tal vez también la gente siente que estoy más distante, porque muchas veces tengo que ocuparme de asuntos muy abstractos.

¿Significa algo para usted que en Latinoamérica haya ahora en la cúspide dos mujeres [Bachelet y Cristina Fernández en Argentina], dos sindicalistas [Lula en Brasil y Evo Morales en Bolivia], un obispo [Fernando Lugo en Paraguay], dos médicos [de nuevo Bachelet y Tabaré Vázquez en Uruguay] y un militar [Hugo Chávez en Venezuela]?

En Brasil, el pasado mes de mayo, cuando asumí la presidencia pro témpore de esta Unión de Suramérica (Unasur), nos reunimos Evo, Lula y esta presidenta. ¿Quién hace cinco años hubiera imaginado que en una testera como ésta estaríamos un indígena, un líder sindical y una mujer? Esto demuestra que América Latina es otra.

¡Afortunadamente!

Y es una América Latina ansiosa de incluir y no de excluir. Ansiosa de ser representada por personas que desde su diversidad buscan lo mejor para sus pueblos. Y creo que representan mejor a América Latina. Esa diversidad es lo que nos ha permitido ir avanzando hacia una mayor integración (pese al sentido de urgencia de ir mucho más rápido), en una voluntad de ir avanzando desde el concepto de unidad en la diversidad.

Curioso. Es el lema de la Unión Europea que se quiso introducir en el nuevo tratado: unidos en la diversidad?

Mire, los nuevos líderes latinoamericanos no son sólo una demostración de que aquí hay de todo; también, de que durante muchos años fueron los excluidos. En nuestros países, los indígenas han sido excluidos del poder; los sindicalistas, claro, nunca estuvieron en el máximo poder. Y las mujeres, para qué decir. En Chile, durante la dictadura, se inhabilitó a los dirigentes sindicales para ser parlamentarios y todavía no hemos logrado cambiar eso. Vamos hacia una sociedad más inclusiva, y creo que en América Latina está pasando lo mismo.

¿Cree que puede ser el gran momento de América Latina? Todos los artículos que leo son muy pesimistas al respecto?

A América Latina se le dijo en los años ochenta que su nivel de pobreza y subdesarrollo eran producto de no haber hecho las reformas económicas necesarias. Las hicieron y están registrando crecimientos económicos importantes y sostenidos, pero la pobreza se mantuvo igual o se incrementó. A mi juicio, lo que sucedió es que las políticas económicas no llevaron de la mano las políticas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. En Chile hemos logrado un crecimiento económico importante y sostenido y hemos reducido la pobreza. En 2006 bajamos el nivel de pobreza al 13,7% desde el 39% que teníamos cuando recuperamos la democracia. La extrema pobreza ha quedado en el 3% y veníamos del 20%. Obviamente, no es suficiente. Somos prácticamente el primer país de Latinoamérica en todos los indicadores: mayor expectativa de vida, menor mortalidad materna e infantil (después de Cuba) y baja tasa de desnutrición. Y son indicadores ya similares a los de los países más ricos del mundo. Seguimos teniendo desafíos tremendos: se nos ha envejecido enormemente el padrón electoral. Debemos mirar cómo interesar a los jóvenes en la política. Esos jóvenes no votan y han vivido siempre en democracia creyendo que los derechos son algo natural. Ahora tenemos que luchar por tener un desarrollo sostenible. Hemos creado por vez primera un Ministerio de Medio Ambiente. Queremos seguir teniendo crecimiento económico, pero no a cualquier precio. Queremos equidad y justicia social. Con la reforma de la Previsión que hemos hecho, a partir de este mes de junio el 40% de los ciudadanos más pobres van a tener una pensión mínima solidaria o van a ver aumentada la que tienen [esa pensión supondrá duplicar la mínima actual].

Es el camino de los Estados de bienestar europeos.

Bueno, no podemos compararnos con Europa. Nosotros venimos de Estados neoliberales brutales.

No hago más que escuchar que la presidenta Bachelet está acabada, que a este Gobierno no le queda nada por hacer. En realidad, el hecho de que su mandato acabe en 2010 sin posibilidad de presentarse a la reelección fomenta esa percepción, supongo.

Hoy mismo cuento con el 48% de la aprobación de la gente, pero es verdad que ha habido momentos duros y difíciles. En todo caso, yo voy a gobernar hasta el último día de mi mandato y seguimos haciendo miles de cosas en infraestructuras y mejoras sociales.

¿Qué explicación da entonces al desencanto de los chilenos?

Los Latinobarómetros demuestran que los ciudadanos chilenos siempre se sienten más infelices que los demás. Los chilenos somos extraordinariamente exigentes. También creo que los medios de comunicación influyen negativamente en este sentido. Hay una disociación entre la experiencia personal y la percepción colectiva. Lo veía cuando era ministra de Salud. La gente decía que la asistencia sanitaria era pésima, pero si les preguntabas cómo les había ido las tres últimas veces que la utilizaron decían: excelente. Mi aspiración no es que los medios oculten los problemas, pero echo de menos el equilibrio. En cuanto a los políticos, cuando converso con otros presidentes me dicen: nadie es profeta en su tierra.

¿A qué se dedicará cuando termine su mandato?

No he tenido tiempo para pensarlo. Soy presidenta 24 horas al día. Voy a seguir trabajando, porque aún no habré cumplido los 60 y he sido siempre activa. Seguiré con mi vocación pública y sé que dedicaré más tiempo a mi familia. Desde luego, escribiré un libro. El hecho de ser la primera mujer presidenta es toda una experiencia a transmitir. Además es sorprendente leer cómo se interpretan algunas cosas con códigos tan diferentes a la realidad.

¿Ha ido tomando notas?

No, pero tengo buena memoria. Y creo que ese libro será bueno para Chile, para mujeres que ocupen puestos similares y también para los hombres, ¿por qué no?. Es bueno que ellos se pongan de vez en cuando los zapatos de otros y sepan lo que significa ser mujer y nuestras dificultades al asumir un cargo; que sepan que a las mujeres nos valoran distinto. Si lloras, dicen de ti que eres blanda. Si no lloras, que eres demasiado inflexible. Como siempre te critican, hagas lo que hagas, yo he decidido mostrarme tal como soy. Es bueno que los hombres comprendan también que las mujeres respondemos de una manera diferente. Creo que todo esto no me lo puedo quedar sólo para mí. Se lo debo a la cosa pública, y yo tengo un tremendo sentido del deber. Es lo que me mueve en la vida.
http://www.elpais.com
(Publicado un extracto en La Tercera)

Elena Varela y su defensa desde la cárcel “Estoy presa por la información que manejo”

Cuadro de texto:

La documentalista Elena Varela fue detenida el pasado 7 de mayo mientras realizaba su película "Newen Mapuche". Se le acusa de ser la autora intelectual de un asalto supuestamente perpetrado por ex miristas en la VI Región. Desde su detención, la documentalista no ha tenido la oportunidad de comunicar su versión de los hechos, ni menos aún ha podido denunciar las torturas que dice haber sufrido. Sólo la ha visitado su madre, sus hermanos, su padre, que además es diácono, y su hija de 16 años, que está destrozada por el encierro de Elena. Su abogado presentó un recurso de amparo que fue rechazado por la Corte de Rancagua. El pasado viernes acompañamos a Patricio Quevedo, de Amnistía Internacional Chile, y Paulina Acevedo, del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas, hasta la cárcel de Rancagua y así logramos entrevistar a Elena Varela. Esto es lo que nos dijo.

Tu abogado asegura que has sido víctima de torturas. ¿Puedes explicar tu versión de los hechos?

A mí me detienen en el sur, entran a mi casa más de 20 policías armados y sólo uno llevaba placa de Investigaciones. Los demás estaban todos vestidos de civil. Me subieron a un auto de vidrios polarizados y me llevaron encañonada todo el rato. No me dejaron hablar con un abogado en 24 horas, no me dijeron de qué se me acusaba. Me detuvieron a las nueve de la mañana del día 7 de mayo y me tuvieron sin comer ni tomar agua durante todo el día. Además, me obligaron a estar de pie toda la tarde, como seis horas, mirando contra la pared. Después de todo eso, me interrogaron. A las dos de la mañana un oficial golpeaba la mesa tratando de obligarme a decir lo que él quería escuchar.

¿Eso fue lo peor?

No, lo peor fue que los policías me hacían pensar que a mi hija podía pasarle algo malo si su madre no estaba con ella. Eso me afectó mucho. Yo trato de seguir optimista, no puedo imaginar que todo pueda ser tan malo, que esta sociedad pueda ser tan perversa. Pero lo que más me afecta es mi hija que viene todos los domingos. La América sólo tiene 16 años y está muy dañada. Ella es la que más me preocupa. Tiene miedo de estar en la casa, miedo de salir a la calle, miedo de que me pase algo a mí. Está aterrorizada, se está enfermando, la veo muy mal.

¿Alguien más te apoya, te visita?

Yo sé que afuera hay mucha gente que me está apoyando, gente que está pidiendo mi libertad. Aquí he tenido el apoyo de toda mi familia. Me visitan mis padres y mis hermanos, vienen todas las semanas. Eso ayuda mucho. Mi familia es muy cristiana, muy unida y mi padre es diácono. Nos apoyamos los unos en los otros y confiamos en Dios y en que todo tiene que tener algún sentido.

¿En qué circunstancias te detuvieron?

Me detuvieron cuando estaba grabando mi película "Newen Mapuche", sobre el conflicto entre los mapuches y las forestales. Pero no supe hasta que llegué a Rancagua que me estaban acusando de un asalto.

¿Y tú aseguras que eres inocente?

Sí, soy inocente.

¿Por qué estás presa, entonces?

Por realizar "Newen Mapuche", una película que tiene financiamiento del Fondo de Fomento Audiovisual, pero que es bastante conflictiva para el Estado, para el sistema. Yo creo que estoy en la cárcel por hacer mi película.

¿Se trata de un montaje?

Sí, las policías, los sistemas de inteligencia, tienen la visión de que el pueblo mapuche es revolucionario, es terrorista y que está vinculado a grupos de izquierda subversivos, y basta que uno entreviste a algún activista prófugo de la Ley Antiterrorista para que altiro te acusen de lo mismo, de ser terrorista.

¿Confirmas que la principal motivación de tu procesamiento sería incautar tu documental con fines de inteligencia?

Sí, estoy presa por mi trabajo profesional como cineasta, por la información que manejo, por interactuar con activistas mapuches que luchan por lo que creen, por entrevistar a personas de comunidades mapuches que han sido muy reprimidas y que no se atreven a decir nada, porque sé muchas cosas tan crueles que me llegan a enfermar. El pueblo mapuche ha sido humillado, ha sido perseguido. ¡He visto tanta gente aplastada emocionalmente, siquiátricamente, tanta gente que no se atreve a hablar! Por eso estoy presa.

¿Qué es lo que más te duele?

¡Los niños, los niños enfermos de Temucuicui! Se ve en sus dibujos. En sus dibujos ellos pintan militares dentro de sus casas, explosiones de bombas lacrimógenas. ¡Eso es lo que no quieren que se sepa! Y quieren saber, además, dónde están los mapuches que están luchando, para exterminarlos, como quieren hacer conmigo. Yo quise hacer una película y me encarcelaron. Esta es una manera de exterminarme, de silenciarme.

¿Te sientes una presa política?

Sí, me siento presa política. Pero no porque tenga militancia política. Yo me considero militante de la vida, de la humanidad, del planeta. No soy de ningún partido. Soy sensible a los problemas sociales. Soy sensible cuando a alguien lo persiguen, soy cristiana también. Entonces no puedo ocultar lo que está sucediendo, el dolor de la gente mapuche.

¿Cómo nace tu preocupación por el pueblo mapuche?

Sinceramente, cuando yo me fui a investigar, a grabar a la IX Región, tenía una visión academicista de los mapuches. Lo que yo quería era investigar la música mapuche, saber cómo construían sus instrumentos, porque yo además de cineasta soy profesora de música. Pero el primer día que entré a una comunidad empecé a darme cuenta de la represión que sufren, y pensé: "¡No saco nada con estudiar la música mapuche, si ellos no pueden vivir!".

¿Qué viste que te cambió tanto?

Vi que están empobrecidos, que sus tierras están secas, que detrás de las forestales hay todo un aparataje político, político-militar, y vi que la industria forestal se gasta toda la plata que sea necesaria para acallar a cualquier persona que se rebele contra el sistema. Los allanamientos a las comunidades mapuches son constantes y terribles. Yo creo que algunos todavía buscan entre los mapuches a ese terrorista que imaginó Pinochet, un terrorista que nunca van a encontrar en la zona mapuche, porque no existe.

¿Hubo algún momento clave en el proceso de acercamiento al mundo mapuche?

Un día en que allanaron estuve detenida con los mapuches, sólo unas horas. Y de repente dicen: "¡Ya, usted no es mapuche, entonces puede irse!". En ese momento yo vi discriminación y racismo. Después vi el sufrimiento de los niños, conocí a los presos políticos mapuches, en fin. Uno no puede quedarse inmóvil cuando ve tanto dolor.

¿Eso querías contar en tu película?

Quería dejar impregnada esa realidad, la que vive el pueblo mapuche. Yo no pensé en retratar a un Estado o Gobierno. Yo quería mostrar un mundo cruel, ¿me entiendes? Un mundo que nosotros mismos estamos fomentando, que estamos amparando como sociedad, gracias a que existen leyes hechas para reprimir, para encarcelar.

¿De dónde viene la represión?

De este mundo cruel, de este sistema injusto que busca proteger sus intereses políticos y económicos, de este sistema maquillado que por un lado habla de justicia y por el otro nos trata con injusticia.

Tú le pediste a la ministra de Cultura que viniera a visitarte. ¿Por qué?

Le pedí que viniera para contarle bien lo que había pasado, porque aquí también hay un problema que afecta al arte, a mi película, a mi libertad para expresarme.

¿Y sabes si piensa venir?

No, no me ha dicho nada, sólo me escribió una carta donde me decía que iban a hacer una copia de mi documental, para que no se perdiera. No puedo decirte más porque casi no sé nada de lo que pasa afuera.

¿Te arrepientes de lo que hiciste o te lo cuestionas?

No, al contrario. Tengo un dolor muy grande por no poder mostrar lo que tenía para mostrar. Pero tengo que ser fuerte, porque el dolor de los mapuches lo estoy sufriendo ahora yo, en carne propia.
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Marcelo Trivelli (DC): Si yo fuera Presidente...
Mariela Herrera

Cuadro de texto:

Marcelo Trivelli fue el primer dirigente de la Concertación que se reconoce como precandidato presidencial. Plantea que el oficialismo realice primarias "multipartidos y multicandidatos". Afirma que hoy se vive el agotamiento de un ciclo político, lo cual demanda cambios urgentes.Contrario al lucro en la educación, a las grandes represas hidroeléctricas y partidario de la eficiencia máxima en la gestión de las políticas públicas, Trivelli analiza la actualidad y se pone en el hipotético escenario de estar sentado en La Moneda.

Firma las cartas como "Marcelo Trivelli. Precandidato Presidencial". En su blog

(www.trivelli.blogspot.com/) se presenta como "precandidato presidencial Chile 2010. Para que Chile progrese con valores". El militante DC y ex intendente de Santiago no se aproblema en señalar que está en medio de la campaña para llegar a La Moneda o, por lo menos, para participar en una primaria que defina al abanderado de la Concertación. Primarias que, a su juicio, debieran ser abiertas, tal como opina el ex Presidente Eduardo Frei. De hecho, Trivelli se reunió en la semana con la presidenta de su partido, Soledad Alvear, para comunicarle su postura.

Desde su centro de operaciones ubicado en Bellavista, declara: "Llegó el minuto de terminar con las hipocresías y por eso es que, en vez de coquetear con la idea, yo declaro de cara a Chile y a rostro descubierto: quiero competir dentro de mi sector para ser candidato a la Presidencia de la República".

Su discurso, asegura, se basa en los valores: "El valor de la palabra empeñada, del trabajo bien hecho, del esfuerzo, de la disciplina, de la equidad; en definitiva, el valor de la verdad". El diagnóstico que entrega no es alentador para la clase política: "Estamos en una etapa de agotamiento de un ciclo político que fue la transición. Y nos agotamos en el éxito. La transición fue súper exitosa en lo político, en lo económico, en lo social y fue mérito de una generación de líderes tanto de la Concertación como de la Alianza y de los dirigentes extraparlamentarios también. Pero eso se acabó".

Apoya una primaria abierta multipartidos y multicandidatos. "Que todos los que quieran vayan a competir: Lagos, Frei, Insulza, Alvear, Trivelli, y abrámonos a otros como Fernando Flores, que fue de la Concertación; a Adolfo Zaldívar, a Tomás Hirsch".

Está consciente de que no existe "trivellismo" dentro de la DC, pero asegura que no teme competir: "Yo creo en la democracia siempre. Cuando me conviene y cuando no me conviene, porque su valor está por encima del juego del poder". Algo que no ve en la actual clase gobernante: "Para quienes hoy día están en el poder, les duele tanto la alternancia dentro de la Concertación como la alternancia entre fuerzas políticas".

Intervención de La Moneda en el conflicto de las dos listas:

"¡Patético!"

La posición de llevar dos listas de la Concertación para la elección de concejales prendió las alarmas en el oficialismo. Se habló del "principio del fin", más aún cuando las tratativas de la Mandataria y los ex Presidentes fueron infructuosas. Trivelli condena tanto el actuar del Gobierno como del PPD y PRSD.

"Al ver a la Presidenta con los ex Mandatarios en La Moneda se me vino a la memoria el politburó del Partido Comunista de la Unión Soviética, parados en el mausoleo de Lenin, el año 88, cuando se derrumbaba la órbita comunista. Las gestiones de La Moneda fueron inútiles, igual que las del politburó para detener el fin de la URSS. Porque la fuerza de los hechos de la descomposición y del agotamiento del actual proyecto es real, no es algo discursivo. Ese intento de intervenir me pareció ¡patético!".

Al ponerse en el hipotético escenario de ser él quien lleva la banda presidencial, dice: "Si yo hubiera sido Presidente le habría dicho al PPD y al PRSD 'mañana quiero arriba de mi escritorio las renuncias de todos sus militantes del Gobierno (ministros, subsecretarios, seremis, directores nacionales de servicios), porque dejaron de ser parte de esta coalición, ya veré con quién gobierno'"

"Esto no es el principio del fin, es el quiebre a la vista. Pero nadie está dispuesto a dejar de cobrar el sueldo a fin de mes. Lo que tiene unida a la Concertación es el sueldo a fin de mes". Frente al argumento del PPD y del PRSD de generar más competencias, Trivelli retruca: "Abramos los espacios reales de competencia, por ejemplo, haciendo una segunda generación de reformas políticas: primarias en todos los niveles y una nueva ley de partidos políticos".

Tras una serie de errores en la dictación de las preemergencias ambientales, a comienzos de junio la ministra del Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, lanzó la iniciativa de crear la figura de "gerente del aire". Su labor consistiría en ser el brazo derecho del intendente de Santiago (actualmente Álvaro Erazo).
"¿Gerente del aire? —dice Trivelli— es para darle pega a alguien y para rehuir de la responsabilidad política del intendente".
"En cambio, un intendente elegido democráticamente, que se equivoca en forma sistemática y que no hace la pega, a la próxima no lo reeligen. De una buena vez, volvamos a la ética de la responsabilidad. Cuando hablan de este gerente dicen que es para que funcione como 'fusible' ¡Si el fusible tiene que ser el jefe!. En mi época de intendente, las preemergencias las anunciaba yo, de cara a Chile y no por un comunicado de prensa".

El tema educación es al que más tiempo le dedica el precandidato. Considera que el acuerdo logrado por la ex ministra Yasna Provoste le costó el puesto. "A los Larraínes no les gustó verse en el diario con las manos levantadas", opina. Y considera que no se ha ido al fondo del problema. "Creo que hay que cambiar los paradigmas de la educación. Por ejemplo, tener, en el aula, un computador por niño. Si en el siglo XX Chile decidió que leer, sumar y restar eran un derecho, en el siglo XXI tener un computador y conectividad debe transformarse en un derecho. 'Es que no tenemos profesores' dicen, ¡pero si los niños aprenden solos! Además, como toda la literatura indica, las generaciones de hoy no buscan las respuestas ni en sus mayores ni en sus maestros, las generaciones conectadas las buscan en la web. El paradigma ya cambió".

"Otro cambio que promovería sería incluir clases diarias de actividad física. No digo educación física, porque tiende a ser competitiva. Yo le agregaría cosas como danzas culturales u otras expresiones de movimiento, ya que se ha demostrado que generan estimulación cerebral".

"El inglés es imprescindible. Debiéramos estimular una inmigración a Chile de profesores de inglés. Estos paradigmas cambian las relaciones entre las personas al interior de la sala". Sobre el manejo político del gobierno para sacar adelante la Ley General de Educación, cree que "fue un acuerdo que no respondía al alma de la educación pública".

"Si yo fuera Presidente me la jugaría por el fin del lucro en la educación y haría efectivas las responsabilidades de quienes han transgredido la ley en la educación superior obteniendo lucro, algo que está prohibido por ley: ¡terminemos con la hipocresía!".

Seguridad ciudadana: El pasado 5 de junio, el titular de prensa "12 robos y asaltos en las últimas 24 horas en el barrio alto" alarmó a diferentes sectores de la sociedad. Para Marcelo Trivelli, las falencias en seguridad se deben, básicamente, a un tema de "no hacer bien las cosas": "Lo que está pasando con la seguridad en los barrios es falta de gestión y de control de gestión. No es popular lo que voy a decir, pero como intendente me fue imposible abrir la conversación para un número único de emergencia. Se opusieron Salud, Investigaciones, Carabineros y Bomberos, porque el rol principal del número único de emergencia es control de gestión, que queda radicado en un órgano independiente. Allí se recibirían los llamados y se tendría que saber dónde está la ambulancia más cercana, dónde está el radiopatrulla, cuánto se demoran en llegar, etc. Pero aquí no hay voluntad en las instituciones".

Problema energético: "¡Patagonia sin represas, absolutamente!"
El tema de la energía, y el cómo conseguirla, ha estado presente en la agenda nacional e internacional. Trivelli tiene claras sus definiciones. "Chile es un despilfarrador de energía. Si tuviéramos una política expresada en las leyes de eficiencia energética como la que tiene California o algunos países de Europa, que premian el no consumo, podríamos ahorrarnos un Ralco cada dos años. Tenemos que cambiar la ley porque hoy se privilegia la hidroelectricidad represal por sobre todas las otras formas de electricidad. Así, las señales al mercado son 'construya embalses'". En este campo, tiene una posición más cercana a los ambientalistas que al senador Eduardo Frei. "Debemos dar espacio a las energías renovables no convencionales: la eólica, la geotérmica, la de las mareas, los biocombustibles. Y como última opción, la energía nuclear y las grandes represas. ¡Patagonia sin represas, absolutamente! Por respeto al medioambiente, a los aiseninos y porque sería corriente inyectada directamente a la Región Metropolitana ".

Nicolás Eyzaguirre, ex ministro de Hacienda, analiza la coyuntura: "La política fiscal ha estado en la senda apropiada"
Alejandro Sáez

Amplia, pero sencilla, como la de la mayoría de los académicos, es la oficina que ocupa ahora el ex ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre. Él está disfrutando con la bienvenida dada en la Universidad de Chile, que ahora lo acoge para ser parte de Intelis, el centro sobre innovación y emprendimiento del Departamento de Economía de esa casa de estudios.

Eyzaguirre está relajado, con corbata, pero chaqueta sport, sin las presiones del clave cargo que desempeñó en el gobierno de Ricardo Lagos. Su objetivo: tomar distancia de la política y la economía contingente para mirar a ambas con un espíritu crítico que permita el surgimiento de ideas frescas.

Pero no se va a un claustro. Eyzaguirre sigue teniendo muy en claro que le gusta la política, ejecutar lo que piensa y plasmar en los libros. Por eso es que este período en la academia lo toma como una pausa, como un "break" antes de relanzarse a la arena política. "Los cargos por ahora no me quitan el sueño", revela. Aunque reacio al comienzo, acepta referirse al gasto público y la inflación, dos temas de los que sabe tras sus años en el Banco Central y el Ministerio de Hacienda.

-¿El ex presidente del Banco Central, Vittorio Corbo, dijo que la política fiscal actual debía ser cuidadosa? ¿Usted piensa lo mismo?

"Sólo puedo referirme a los hechos. Todo el mundo sabe que la política monetaria y la fiscal son como dos pedazos de una misma tijera. Tienen que funcionar armónicamente. Si no terminamos como el chiste del piano: dos personas que vienen bajando un piano por una escalera de caracol. El que va arriba dice 'cómo nos costó bajar este piano'. Y el que va abajo contesta: yo pensaba que íbamos subiéndolo".

-¿Existe hoy armonía entre la política fiscal y la monetaria?

"Todo depende de con qué se compara. La verdad es que el incremento del gasto fiscal en 2008 en América Latina fue absolutamente desbocado. Si tú lo comparas en el ranking de la región, Chile fue uno de los que menos lo aumentó. A alguien le podrá gustar un poco más o un poco menos, pero en términos relativos parece que el gasto chileno fue moderado".

-¿Está en riesgo la política de metas de inflación del Banco Central?

"La meta de inflación es que el Banco Central define que en un horizonte de 18 a 24 meses la inflación converja a 3%. El hecho de que esté alta ahora no significa que esté peligrando la política del Banco Central. Si persistentemente durante un período de 18 a 24 meses no muestra signos de converger o no se va al 3%, estaríamos desanclándonos. Y el Banco Central está muy preocupado de anclar las expectativas. De hecho, las expectativas de inflación para el 2009 están ligeramente sobre el 3%. Por lo tanto el Banco Central está cumpliendo absolutamente con su política de ancla de inflación".

-¿Qué piensa de las opiniones de que ésta es una inflación de oferta y que no se combate con alza de tasas?

"¡Cuidado! Hoy día el gran problema del mundo es la inflación, sin duda. Lo que ocurre es que el mundo creció en el período 2004-2007 a 4,8% y eso es más de lo que puede crecer. El mundo está sobrecalentado y por eso tenemos la inflación que tenemos. No es culpa de Chile, que es demasiado pequeño. Pero ¿cuál es el problema? Que aunque tengas shocks, aunque sean de afuera, se te pueden meter y propagar dentro. Por eso es que debes tener a la economía un poco más fría que si no hubiesen shocks de costos".

-¿El timing del Banco Central ha sido el correcto para subir la tasa?

"No quiero entrar a calificar, pero me parece que ha apuntado en la dirección correcta. Si las magnitudes, o la velocidad, no me pronuncio, pero que ha estado en la senda apropiada, lo ha estado".

-¿Podemos decir lo mismo de la política fiscal?

"Que en lo grueso la política fiscal ha estado en la senda apropiada, ha estado en la senda apropiada. Uno podría tener matices, si más, menos, si la combinación gasto o impuesto es la apropiada...no me voy a pronunciar sobre los detalles, en lo grueso la senda ha sido apropiada".

-¿A la regla de superávit estructural habrá que hacerle algunos ajustes?

"Cuando nosotros la pensamos, nunca supuse que el precio del cobre iba a cambiar entre 60 centavos y 4 dólares. Si el precio spot cambia en esa magnitud, el precio estimado por el panel de expertos como de largo plazo puede pasar desde los 80 centavos a los 2 dólares. Y dada la importancia que tiene el cobre, eso altera fuertemente los ingresos estructurales y por lo tanto en el potencial de gasto. Posiblemente refinaciones posteriores de la regla, frente a cambios muy dramáticos en los ingresos estructurales, se debería hacer una amortiguación adicional".

-¿Usted ha pensado sobre esas políticas de amortiguación?

"Se podría combinar la regla de superávit estructural con alguna regla de impuestos contracíclicos. Porque la regla de superávit estructural es acíclica. Lo que hace es que mantiene el gasto fiscal relativamente constante en el tiempo a pesar de que la economía crezca menos o más. No es contracíclica. Si tú te gastas lo que te ingresas es procíclica. Quizá podría ser contracíclico. Porque no pensamos que haya ciertos impuestos que bajen cuando la economía está lenta o suban cuando la economía esté muy rápida. No es que esté proponiendo subir o bajar impuestos ahora, pero esos son ejemplos".

"Volvería a ser ministro de Hacienda"

-¿Por qué tomó la decisión de no incorporarse a directorios privados?

"Yo respeto a las personas que habiendo estado en posiciones de gobierno entran a directorios privados. En mi caso decidí no hacerlo, porque yo no creo haber jubilado de las políticas públicas. No sé cuándo, no me obsesionó con eso cada día, pero espero algún día poder tener una versión dos, de la versión uno que fue 2000-2006".

-Pero, por ejemplo, Vittorio Corbo asumió puestos en empresas privadas.

"Pero Vittorio Corbo no está en la política".

-Fue presidente del Banco Central...

"Pero no está en la política. En inglés hay una diferencia entre la palabra politics y policy. En castellano no hay esa diferencia. Vittorio Corbo está en la policy, en hacer política monetaria, no está en el mundo de los partidos o en el Congreso. Yo soy militante de un partido y por lo tanto, estoy en el mundo de la política".

-¿Y está ahora participando activamente en la política partidista?

"Me he tomado un receso. Estoy interesado en investigar a fondo cuáles son las nuevas reformas institucionales que necesita Chile para dar un salto a la economía del conocimiento. En parte lo hice en los libros del Consejo de Innovación, pero cuando uno ve que a pesar de los grandes avances que se han hecho la educación sigue siendo mala, la innovación sigue siendo baja, uno tiene que preguntarse qué está pasando en el proceso político. Estoy dedicado a estudiar ese tipo de cosas".

-Usted fue ministro de Hacienda, ¿qué más le queda a Nicolás Eyzaguirre?

"¿Tú me vas a preguntar si quiero ser Presidente?" (ríe)

-Esa es la pregunta.

"En la vida cada día tiene su afán. Las razones por las cuales las personas llegan a capturar la imaginación de la gente como un potencial líder y depositar su confianza son misteriosas. Me preguntaron insistentemente al final del gobierno del Presidente Lagos si yo me veía presidenciable. Siempre he tratado de correrme y dije simplemente por franqueza que si uno tiene alguna pasión por las políticas públicas y algún día mi nombre genera un consenso ¿usted cree que me voy a ir a Alaska? Y ya con eso empezaron a inventar que me estaba postulando. Yo no estoy en esa óptica.

-Entonces, ¿dónde se ve usted mejor a la hora de aplicar estas políticas?

"Posiblemente, si mis ideas no son malas, pueden aplicarlas otros".

-Pero usted dijo que quiere estar en la política...

"Pero eso no depende de mí. En política se produce como una especie de enamoramiento...".

-Hay técnicas de conquista...

"Sí, pero en este momento estoy llenando el tanque. Las razones de por qué la ciudadanía te percibe como el apropiado para dirigir las políticas públicas o los que dirige la ciudadanía, son cosas que escapan de control".

-En política hay que crear redes, participar en partidos, mojarse la camiseta...

"O me dedico a llenar el tanque con buenas ideas o me dedico a la operación política. No puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo. No puedo ser juez y parte. Mi opción vital es reemplazar mi tanque de oxígeno con nuevas ideas. Un cargo de representación política no me quita el sueño".

-¿Sería de nuevo ministro de Hacienda?

"Sí, volvería a ser ministro de Hacienda, si veo que puedo aportar".

-¿Senador?

"No me veo mucho. En el ordenamiento político chileno, básicamente el Parlamento es jugador con poder de veto, pero tiene relativamente poca iniciativa en términos de formulación y creación de leyes. Si a mí lo que me gusta es la formación de políticas públicas, en la actual situación institucional no me veo en el Congreso...".

ESTADO

Pero también tienes necesidad de un Estado más transparente y más moderno y por ese lado el veto viene de los sindicatos. Necesitas que el grueso del público diga que ya está bueno que estos grupos de presión de un lado eviten que tengamos un fisco bien financiado y que de otro lado impidan que el fisco gaste los recursos eficientemente".

EMPRESARIOS

Tienen influencia en las políticas públicas ciertos grupos organizados como el Colegio de Profesores, como por ejemplo, todos los sindicatos de un sector público, que trancan la pelota en un sentido y tienen excesiva influencia sobre las políticas públicas, los empresarios y las empresas que financian los partidos de derecha".

IMPUESTOS

¿Qué necesita Chile? Un nuevo gran contrato social. En Chile tenemos que tener más impuestos directos. La OECD en promedio recauda 15% del PIB en impuestos directos, nosotros 5% del PIB, sacando el cobre, que es renta. Se pagan muchos impuestos indirectos y pocos impuestos directos. Van a decir que el problema que los impuestos directos afectan el ahorro. ¡Maní! En este país ahorra el 5% más rico, el resto se consumen todos los ingresos. ¿Por qué se vetan los impuestos directos? Porque lo vetan los empresarios". (El Mercurio, 29)