- Allende y los Prisioneros, por Arturo Navarro
- Europa, a la derecha sin derechos, porPablo Portales
- Allende, a los 100 años de su nacimiento, por Ricardo Lagos
- El precio del poder, por Veronica Gago
- ¿Una democracia sin sociedad civil?, por Teresa Valdés E.
- Salvador Allende, un ejemplo que perdura, por Fidel Castro
- El Gobierno en tiempos de competencia, por Víctor Maldonado
- días m….meritocráticos, por Sergio España
- Cambio climático: Salir del impasse, por Tony Blair
- Allende, por Oscar Landerretche M.
- El PDC y la economía de mercado, por Patricio Aylwin
Allende y los Prisioneros
Por Arturo Navarro

El ex músico de Los Prisioneros, Jorge González, en entrevista reciente en revista Qué Pasa, justifica su personalidad diciendo que fue un chico que se formó leyendo libros de Quimantú y no viendo series de TV como Miami Vice. La metáfora del rockero es reveladora de cuánto calaron las obras culturales del Presidente Allende.
Cuando se celebra un centenario de su nacimiento, el 26 de junio, es ocasión propicia para reflexionar sobre la política hacia el arte de su gobierno.
Antes, debo confesar que inicié mi vida laboral en 1971, desde entonces permanentemente vinculada a la cultura, casi junto con la asunción de Allende a la Presidencia de la República. Debo reconocer que entonces adhería más al proceso revolucionario que él encabezaba que al mundo del arte y la cultura que hoy me identifica. Debo agregar que no dejé de sentirme incómodo por provenir más de la sociología (era estudiante universitario) que de alguna de las disciplinas artísticas. Recuerdo que existía una extraña mezcla entre los creadores de belleza y los creadores de riqueza, los obreros. Sin pertenecer a ninguno de ambos grupos, admiraba a ambos. Se vivía un tiempo en que muchos de los miembros de estos sectores deseaban sinceramente que las fábricas fueran creadoras de arte y los artistas, fabricantes de productos materiales.
Aunque discutimos hasta el agotamiento quién tenía la razón y dejamos nuestras mejores fuerzas en los trabajos voluntarios y las empresas del área social, no llegamos a alcanzar ese ideal. Los artistas no superaron a los obreros en fuerza física, ni lo obreros lograron capacidades creadoras significativas. Pero, lo intentamos. Lo predicamos y por sobre todo, lo creímos posible.
Todo ello, mirando poco para el lado, despreciando a quienes no disponían de alguna de estas vertientes privilegiadas: ser obrero o ser artista. Los primeros tenían prioridad para administrar industrias, dirigir partidos políticos y hasta ser partes del gabinete, tambien para recibir a través de sus sindicatos y federaciones las mejores y más económicas creaciones culturales (algo así como lo que ocurre hoy con la condición de empresario).
Entre los artistas, Neruda escribía inspirado en la clase obrera; Quilapayún y Víctor Jara cantaban en sedes sindicales, creadores de todas las edades desfilaban orgullosos luciendo las camisas de las juventudes comunista o socialista. Los artistas visuales disponían de espacios en los muros emergentes del Edificio de la UNCTAD, los escritores tenían excelente acogida en las prensas de Quimantú, los cantantes llegaban a DICAP como a su casa y los cineastas gobernaban Chilefilms sin contrapeso.
Los lectores no supieron que lo eran hasta que llegaron a sus quioscos favoritos o sindicato correspondiente las ediciones masivas y muy baratas de las series Minilibros, Nosotros los Chilenos o Quimantú para todos. Los niños se sintieron privilegiados no sólo por el medio litro de leche, tambien por la colección de libros infantiles Cuncuna.
Es que en el gobierno de Allende se dignificó hasta el paroxismo el trabajo manual y el trabajo creativo. Sólo que muchos entendieron tarde lo relevante que ello era para ser mejores como personas y mejores como país.
Quizás porque no supimos expresarlo bien, quizás porque algunos no supieron entenderlo bien y creyeron que se trataba de eliminar al otro y no ser mejores junto al otro.
El hecho es que muchos lo sufrimos. Especialmente cuando quienes no creían en el trabajo manual ni el trabajo creativo como motores de una sociedad, dieron muestras de entender cabalmente a quienes había que reprimir: quemaron libros, asesinaron cantantes, encarcelaron actores, destruyeron cuadros, demolieron universidades y exiliaron artistas.
No obstante, la figura de Allende sigue presente, especialmente en aquellos que lo entregaron todo siguiendo a este líder de los anteojos de marcos robustos y que lleva el apellido quizás más homenajeado por los creadores, de Chile y el mundo; a pesar de que su política hacia el arte y la cultura marcó más bien el final de una etapa de nuestra historia. Aquella en la que el Estado era el protagonista del desarrollo de las artes. A través de él se financiaban los creadores, las universidades, los canales de televisión y las industrias culturales. Quimantú fue una empresa gigantesca, con más de dos mil trabajadores, que tenía en su interior varias sub empresas: de publicidad, de distribución, de impresión y de edición de libros y de revistas. Lo que hoy se llamaría un holding, muchas veces beneficiado con precios subvencionados del dólar para adquirir papel, compras formidables del gobierno y ventas masivas hacia socios político-comerciales como Cuba, país al cuál se le imprimían millones de textos escolares.
No obstante eso, Quimantú es recordada, con justicia, como símbolo de una política de difusión de la cultura a través de sus libros, que lograron una efectiva democratización del acceso a la lectura. Adicionalmente, Allende quiso dejar vinculada las artes a su principal obra arquitectónica, el edificio de la UNCTAD al que llamó Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, logrando en su interior un encuentro y diálogo del gran público con las artes visuales.
La pregunta es si esta intensidad artística del período la de Unidad Popular habría podido sustentarse en el tiempo, especialmente cuando se enfrentara a la actual situación mundial en la que el mercado gana terreno y los aportes gubernamentales retroceden aún en la antes irreductible Francia de Malraux.
Sin embargo, hay situaciones que ni Allende ni los “nuevos tiempos” han cambiado del todo: “El Estado –escribió el crítico cultural allendista Hans Ehrmann en diciembre de 1970-, en forma directa e indirecta, subvenciona dos orquestas sinfónicas, tres ballet y una serie de otras actividades artísticas. Su apoyo surge de través de las universidades, la Municipalidad de Santiago, el Ministerio de Educación. Cada una de esas instituciones mantiene su pequeño feudo cultural, sin que hasta la fecha se haya hecho un intento por racionalizar la inversión estatal en el arte”. Curiosamente, sobre las cenizas del sueño de Allende, en el futuro Centro Cultural Gabriela Mistral, se están sentando las bases para un gran espacio de difusión masiva de las artes escénicas y musicales. Allí, los futuros Jorge González podrán disfrutar de obras de danza, teatro y música que hasta ahora les eran vedadas, como si estuvieran prisioneros…
Lunes 23 - http://www.arturo-navarro.blogspot.com/
Europa, a la derecha sin derechos
Por Pablo Portales
Unos 400.000 inmigrantes latinoamericanos empadronados en España podrían ser deportados a sus países, luego que el gobierno socialista se sumara a la mayoría de gobiernos de derechas en Europa en criminalizar a los extranjeros sin papeles radicados en los 27 países de la Unión. Ocho gobiernos sudamericanos condenaron prontamente la decisión europea, calificándola de discriminatoria y transgresora de derechos humanos. Sobresalen los gobiernos colombiano y mexicano, (de derechas) ocupados en captar apoyos en sus respectivas guerras contra la guerrilla y las mafias. La posición del gobierno de Rodríguez Zapatero fue avalada por 16 votos (de 19) de socialistas españoles que, contraviniendo a su grupo en el Parlamento Europeo (102 socialistas votaron en contra y 48 se abstuvieron), aprobaron una propuesta defendida, entre otros, por la extrema derecha de los Le Pen, Fini, Bossi, Haider y los Kaczynski.
El atributo de “ilegal” a extranjeros sin papeles, una normativa que faculte a la autoridad administrativa para encerrarles y la ejecución de expulsiones sin derecho a retornar durante un número de años, son postulados que germinaron en los programas de los partidos de derecha xenófoba y que han sido asumidos por una derecha populista (Sarkozy, Berlusconi), otra conservadora (Merkel, Rajoy), y una izquierda social-liberal (Brown) a los que el socialismo de Rodríguez Zapatero es el último en arribar.
Personas que en rigor no han cometido delito son objeto de internamiento por orden administrativa, en lugares que no son cárceles, por entre 6 y 18 meses para finalmente ser expulsadas con prohibición expresa de retornar en un periodo de tiempo. Todo esto se parece mucho a figuras seudo-jurídicas aplicadas por dictaduras militares del Cono Sur latinoamericano.
Entonces se invocaba la “seguridad nacional” ante la “insurrección del comunismo internacional”; ahora se apela a una “seguridad policial” ante el “caos”, “la delincuencia”, y también a las tradiciones y costumbres occidentales frente a la “contaminación cultural” proveniente del mundo árabe e islámico. Es pertinente esgrimir, en este caso, el argumento del escritor Carlos Fuentes cuando analiza la política de Bush contra los ciudadanos estadounidenses: “La democracia no puede so pretexto de ‘seguridad', adoptar las reglas de una dictadura”.
De los 3 millones 124 mil 625 extranjeros no comunitarios, actualmente empadronados, por lo menos el 76% de éstos llegaron sin papeles. Posteriormente fueron favorecidos por los procesos de regularizaciones de los gobiernos de Felipe González, desde 1986, de José María Aznar y de Rodríguez Zapatero, hasta el 2005, mediante los cuales consiguieron permisos de residencia y de trabajo.
Ha sido esta forma, “clandestina” -como ahora subraya el gobierno- y no la llegada de inmigrantes con contrato de trabajo bajo el brazo, como los inmigrantes han beneficiado a España: “en los últimos seis años el 38% del crecimiento del PIB de España se debe a la inmigración. Los inmigrantes aportan ya el 7,4% de las cotizaciones a la Seguridad Social y sólo reciben el 0,5% del gasto”.
Toda una paradoja, cuando el mismo día que el Parlamento europeo votaba a favor del ideario xenófobo contra la inmigración, España le otorgaba el Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales al pensador francés, de origen búlgaro, Tzvetan Todorov, protagonista de las batallas por una Europa abierta y diversa y que considera que “la identidad europea se basa en la renuncia a la violencia. La proximidad de los otros no sólo no es ya una amenaza, sino que se convierte en una fuente de beneficios”. (Miércoles 25)
www.pabloportales.blogspot.com/
Allende, a los 100 años de su nacimiento
Ricardo Lagos, ex presidente de Chile y presidente del Club de Madrid.
Hoy, 26 de junio, se cumplen 100 años del nacimiento de Salvador Allende. Un nombre cuya huella no sólo dejó su impronta en la historia de Chile, sino también en el imaginario político del mundo contemporáneo. Los 100 años de Allende no fueron de soledad, sino de compromiso creciente con los pobres y postergados, con los soñadores de sociedades más justas y con los impulsores de un orden internacional sin dominadores y dominados.
Allende siempre actuó en el marco de las instituciones constitucionales Sostenía que la libertad es el espacio ideal para construir una mayor igualdad. Por eso, esta conmemoración también nos convoca a una pregunta esencial: ¿por qué los mil días de Allende como presidente de Chile han capturado la imaginación de tantos en todo el planeta? Esa experiencia suscitó emociones mayores, también discusiones profundas, al igual que sueños derrumbados cuando bullían los entusiasmos. Algo especial hubo allí, capaz de provocar una tremenda ola de solidaridad que movilizó a hombres y mujeres de todos los continentes.
Tal vez porque aquélla fue una experiencia inédita. Como Allende lo dijo: "Pisamos un camino nuevo; marchamos sin guía por un terreno desconocido; apenas teniendo como brújula nuestra fidelidad al humanismo de todas las épocas".
Esos Mil días tuvieron lugar en un Chile republicano. Un país respetado en el mundo por la forma como, a poco andar de su independencia, estuvo en condiciones de cimentar una república en bases sólidas. Durante el siglo XX esa república fue capaz de abrir espacios a una creciente movilidad social y a una clase media forjada a través de un sistema educacional gratuito, laico y abierto a todos.
Allende es al mismo tiempo resultado y factor del Chile republicano: origen social, formación académica, adscripción doctrinaria -más que ideológica-, lealtades y pertenencias. Es difícil entender el Chile que se generó desde la década de los 30 en el siglo pasado sin el protagonismo de Allende.
Allende actuó siempre en el marco de las instituciones constitucionales y las defendió en su mérito y en su condición de instrumentos reguladores de su propia transformación. Esa convicción determinó su conducta política desde sus primeras responsabilidades parlamentarias hasta su decisión de acabar con su vida cuando esas instituciones eran barridas por la fuerza.
Allende emerge de un país donde amplios sectores aspiran a mayor igualdad y justicia. En el Chile de comienzos del siglo XX donde la izquierda se fue haciendo cada vez más fuerte. Liberales y radicales del siglo XIX en su brega por mayores libertades y tolerancia abrieron el camino para las demandas sociales por largo tiempo sofocadas; así, cinco años antes de la revolución soviética, en junio de 1912, se funda el Partido Obrero Socialista, nombre inicial del Partido Comunista, el cual una década después logra tener dos diputados en el Parlamento. A comienzo de los años treinta emerge un fuerte Partido Socialista, en cuya fundación participó Allende.
Esa izquierda fuerte y en ascenso avanzó en tiempos de guerra fría y por ello el conflicto ideológico mundial también tuvo, como en otros países, su proyección al interior de Chile. Cuando llegan los magníficos sesenta, Chile vive un fuerte desarrollo político en torno a sectores de avanzada. Para unos la opción está en torno a una izquierda impregnada de nuevos entusiasmos, sobre todo tras la revolución cubana y las nuevas demandas juveniles; para otros, la respuesta está cerca del centro político, con la propuesta democratacristiana y su contundente respaldo parlamentario.
Muchos han dicho que hubo un desarrollo político demasiado grande para un país que crecía en cifras modestas en lo económico. El camino pasó de la experiencia conservadora de Jorge Alessandri al proyecto de cambio demócrata cristiano de Frei Montalva, para llegar a la propuesta de la Unidad Popular en los 1.000 días de Allende. Era el Chile dividido en tres tercios. En ese contexto, Allende entendía la acción política como una tarea de pedagogía y organización y así fue factor determinante en la creación de una izquierda cuyo crecimiento social, cultural y electoral él mismo promovió y buscó ampliar. Ya en el Gobierno, intentó hacer grandes cambios y algunos de sus logros -como la nacionalización del cobre- encontraron pleno respaldo político de todos los sectores. Pero las transformaciones profundas de la estructura productiva no pudieron concretarse, porque no hubo mayorías parlamentarias para respaldar el proceso. Y la política saltó del debate institucional parlamentario a la calle.
Por otra parte, el esfuerzo máximo por producir esos cambios y la tensión social involucrada hizo que muchos demócratas reales sintieran que el camino de Salvador Allende, a la larga, no permitiría mantener la democracia en Chile. Y, en defensa de la democracia, se colocaron en una oposición dura a Salvador Allende. Más allá, estaban los otros, los del golpismo al acecho.
Se da entonces la paradoja de un país donde el Gobierno no tiene mayoría para plantear los cambios profundos que el gobernante reclama, pero donde tampoco existe mayoría parlamentaria para poner fin a esa propuesta política.
Es un contexto de creciente polarización interna donde incluso fuerzas de inspiración semejante y objetivos, visto a la distancia, similares devienen en adversarios radicales. Es probable que la debilidad política mayor de Allende haya sido no imponer y convencer a sus partidarios que el camino del cambio a través de la democracia sólo es posible consolidando grandes mayorías basadas en amplios consensos.
Avanza 1973 y la república y sus instituciones se tensionan al máximo. Salvador Allende decide convocar a un plebiscito para lo cual requiere la aceptación del Parlamento. Sabe tanto que el triunfo es difícil como que es la forma de resolver pacíficamente el dilema institucional.
No alcanzó a comunicarlo a la ciudadanía... Frente a la quiebra institucional, Allende responde con el testimonio profundo de sus palabras y su acción: "Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley". Y así lo hizo.
Su gesto habla de esa condición de republicano convencido, de su afán de hacer en democracia una revolución que no había tenido lugar en ninguna parte. Es lo que asombra y cautiva al mundo. También lo que conmociona a los centros de poder, no dispuestos a aceptarlo porque temen el ejemplo.
Hoy, a 100 años de su nacimiento, vivimos otro Chile, otro escenario internacional sin la guerra fría, pero con los peligros propios de un proceso globalizador que no tiene reglas. La forma en que hemos sido capaces de encarar la transición de dictadura a democracia en Chile ha sido vista por muchos con admiración, la tarea se ha hecho rescatando los valores democráticos y republicanos en que Chile asentó lo mejor de su historia
Al conmemorar a Allende en este aniversario, lo hacemos con el respeto y el afecto a una figura profundamente leal a sus ideas y a sus principios. Aquel que muere en La Moneda y deja, tras su sacrificio final, el testimonio de una vida luchando por un país donde la libertad sea el espacio para construir una mayor igualdad, un país donde ser libre para votar también signifique ser libre para vivir.
A los 100 años de Allende reconstruimos el optimismo desde lo profundo de sus propias palabras: "Más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor". Y nos dicen algo más: esas grandes alamedas hay que cuidarlas día a día, fortalecerlas día a día, para seguir transitando por ellas hacia destinos mejores. La democracia es, en última instancia, ese conjunto de árboles sólidos, diversos y entrelazados por donde el ser humano quiere ir buscando la oportunidad de sus sueños. Es la lección que nos dejó Salvador Allende.
http://www.elpais.com
El precio del poder
Por Veronica Gago

¿Hay un costo específico que deben pagar los liderazgos femeninos? Más allá de los errores o aciertos propios de cualquier gestión de gobierno, es fácil advertir que el hecho de ser mujer ofrece un blanco preferencial tanto para el análisis como para las denostaciones lisas y llanas. ¿Pero cuáles son las estrategias que las mujeres en el poder político ponen en marcha para sostenerse y sostener la gobernabilidad? La gestión de Michelle Bachelet en Chile, la candidatura frustrada de Hillary Clinton en los Estados Unidos y los primeros meses de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, vistas en paralelo, exhiben cómo el sexismo impregna tanto el lenguaje político como el mediático; y también el peligroso –por poco cuestionado– sentido común.
Las mujeres que están en el poder –o aspiran a él– deben lidiar con que todo razonamiento político que se haga sobre ellas tenga como base una serie de lugares comunes sexistas que devienen categorías analíticas e impugnaciones concretas a su capacidad de gobierno. Esta lógica se propaga mediáticamente, pero también se escucha en la calle e impregna el lenguaje de la puja sectorial y partidaria y también muchos comentarios de expertos. Se trata de estereotipos que no se disimulan, sino que se vuelven imágenes irrecusables por repetidas, que pretenden tener peso conceptual, y que develan una naturalización –y una caricaturización– de los componentes de género en el debate público sobre la gobernabilidad, a la vez que estructuran una ofensiva sostenida contra candidatas y mandatarias. ¿Hay un costo específico que deben pagar los liderazgos femeninos? Muchas veces, tratando de enfrentar la debilidad que se les atribuye a las mujeres en el poder, ellas mismas –y/o sus asesores/as– optan por la estrategia de limitar sus propuestas políticas, en muchos casos empujando a un giro conservador de sus discursos y prácticas, como modo de supervivencia y como método de estabilización frente a las críticas opositoras. Hillary Clinton como candidata y Michelle Bachelet como presidenta ya han transitado ese camino. Ambas, sin embargo, pagaron altos costos: Clinton en la medida en que a pesar de su moderación perdió la interna demócrata; Bachelet, teniendo en cuenta su historia política, debido a las concesiones que tuvo que hacer su gobierno al aliarse con los partidos vinculados al fallecido dictador Pinochet para poder destrabar iniciativas fundamentales de gestión. ¿Cuál es la estrategia de Cristina Kirchner para enfrentar el conflicto y sostenerse en el poder cuando una de sus lenguas es la descalificación misógina?
IMAGINARIOS SEXISTAS
“Estas mujeres que llegan al gobierno o que se postulan a él ponen un analizador de género muy revelador no sólo de la clase política, sino del conjunto de la sociedad. En el caso de Cristina, si hablamos ya no de lo correcto o incorrecto de sus medidas, sino de los imaginarios políticos en danza, lo que observamos es que son de un sexismo total. Pero esto lo constatamos tanto en países periféricos como en el primer mundo, aun cuando está claro que no es lo mismo mujeres en los gobiernos que mujeres que defiendan los derechos de mujeres, es decir, que tengan lucidez de género”, puntualiza Ana Fernández, doctora en psicología de la UBA. ¿Qué quiere decir que una de las principales críticas que se escucha sobre Cristina Kirchner sea sobre su estilo, al que se lo adjetiva, sobre todo, como soberbio o autoritario? “Hay que analizar por qué se dice que un discurso de ella estuvo mejor sólo cuando agregó un ‘por favor'. Creo que le piden a Cristina que ponga una cuota ‘femenina' como si lo femenino fuese lo componedor: justo el rasgo que destituyó a las mujeres históricamente de otros lugares porque esa actitud de componer expresa simplemente que no les daba la correlación de fuerzas para hacer otras cosas, como –por ejemplo– confrontar”, continúa Fernández ante Las12. “La soberbia no es un atributo femenino o masculino, pero hay una cuestión que es cómo se decodifica y en ese sentido se aguanta menos si es mujer. Enseguida vemos surgir la asociación de maestrita ciruela, es decir, pasa a estar asociada a una cuestión peyorativa. En cambio, vemos que en liderazgos masculinos la soberbia no es un elemento tan negativo”, advierte la consultora Analía del Franco, directora de la encuestadora Analogías.
El publicista Fernando Braga Menéndez, desde su especialidad en construcción de imagen política, ilustra: “Me llegan mensajes del tipo ‘San Martín liberó tres países con un caballo, Kirchner nos va a hundir con una sola yegua'. ¿Qué significa esto? Que hay una parte de la población que no se banca que nos gobierne una mujer, que la quieren enloquecer en los primeros seis meses; estoy seguro que es gente que sí sería más condescendiente con un modo de gobierno autoritario clásico. Por donde vivo, en San Isidro, el día en que la gendarmería arrestó a De Angeli, un tipo en un Mercedes Benz último modelo, iba en contramano y con medio cuerpo asomado por la ventanilla, gritando: ‘¡La puta está metiendo presos a los campesinos!'. Yo nunca había visto una escena así”.
BACHELET, ¿FEMINICIDIO POLITICO?
Caída en la imagen pública de la Presidenta según los números de las encuestas, campañas en algunos diarios anunciando que no terminará su mandato, constatación de varios “especialistas” de su falta de liderazgo y diagnósticos de debacle política por imposibilidad de afrontar la crisis con algunos sectores sociales. No es una descripción de las últimas semanas de este país, sino una síntesis de lo que sucedió en Chile en el segundo semestre del año pasado. A punto tal que Bachelet habló entonces de un “feminicidio político” en su contra. Retomando esa idea, el director de la revista chilena Punto Final, Manuel Cabieses, describió la detallada secuencia del proceso que cualquier lector/a argentino/a puede sentir familiar: “La campaña anti Bachelet ha ganado terreno aunque todavía está lejos de alcanzar sus objetivos. Pero ha logrado instalar como verdad incontrovertible la ‘falta de liderazgo' de la presidenta. Tal debilidad –rasgo que por supuesto sería ‘femenino'– estaría demostrando su incapacidad para ejercer el mando. Las mediciones de opinión muestran los resultados de esta campaña. Las encuestas acusan una gradual pero constante disminución del apoyo a la mandataria. Tales encuestas son manipuladas astutamente por los medios de comunicación –en especial por El Mercurio que fija la pauta informativa nacional–, que actúan como soportes de la propaganda para minar la autoridad de la presidenta” (Nº 645, 10 de agosto, 2007).
El desenlace de la coyuntura chilena, en plena crisis de transportes, inseguridad y conflictos sindicales, fue un retroceso del gobierno que debió sellar una alianza con los partidos derechistas de la oposición Renovación Nacional (RN) y Unión Democrática Independiente (UDI) ante la caída de la popularidad de la Presidenta y con el fin de destrabar el bloqueo de la oposición a sus iniciativas en materias de previsión y seguridad ciudadana, equidad y educación, sobre todo teniendo en cuenta los comicios municipales que se harán este año y las elecciones presidencial y parlamentaria de 2009.
Carlos Huneeus, cientista político y director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (Cerc), considera que a Bachelet “le ha costado tomar un liderazgo bien definido porque es un cambio muy grande el hecho de que un país sea gobernado por una mujer”. Y agrega: “Sin embargo, creo que las distintas críticas que recibió no son sexistas. Ella ha remarcado eso desde una postura demasiado feminista y auto-victimizándose. Los argumentos con que la atacaron son los de una derecha ideológico-política clásica”.
El sociólogo Manuel Antonio Garretón, en diálogo con Las12, distingue: “Lo primero que hay que aclarar es si existe una diferencia de naturaleza entre un liderazgo masculino y otro femenino; si lo aceptamos, diría que ambos tienen elementos positivos y negativos, en la medida que tienen fortalezas diferenciales. Segundo: hay que distinguir qué rasgos son propios de lo femenino o de lo masculino y qué es lo propio de un buen o un mal gobierno. Las fortalezas mayores del liderazgo de Bachelet han sido dos. Primero: apuntar a la meta vaga de Estado de protección social, aun cuando esto no estuvo bien formulado en los proyectos, y quizás esto venga de su lugar femenino, aunque hay otros componentes biográficos que no pueden olvidarse: ser la hija de un militar asesinado en la dictadura, haber sido ministra de salud y ser médica. Segundo: un estilo que supone escuchar y conocer distintas perspectivas antes de tomar decisiones y esto se expresa en los consejos de asesores que creó después de las movilizaciones estudiantiles”.
DOBLE COMANDO
Bachelet, sin embargo, es divorciada: no aparece otra figura que le haga de respaldo simbólico ante los ataques por cuestiones de género. En cambio, si tras una mujer presidenta o candidata a serlo hay un marido que la ha precedido, como es el caso de Hillary y Cristina, esto termina demostrando para buena parte de la opinión mediática, que el verdadero poder sigue estando en la parte masculina de la dupla. Y que, por lo tanto, es el marido quien funciona como reaseguro. En el lenguaje vernáculo esto ha dado lugar al sofisticado concepto de “doble comando” (difundido por el “piloto de tormentas” Eduardo Duhalde y refrendado por la aeromoza Chiche).
“En Argentina pareciera que no hay lugar en los imaginarios para una pareja sin que uno opere como protagonista y otro como complementario. Esto es un atraso de la cuestión de género. Y creo que los Kirchner ofrecen una modalidad conyugal para la que no tenemos el hábito. Claro que todo esto se mezcla con los errores tácticos y estratégicos del gobierno. Pero Cristina no apela a la familia, nunca mete a sus hijos, ni tampoco a la religión: es decir, piensa con categorías políticas sin convocar la sensiblería de género tradicional. Esto hace, en buena medida, que a ella se la vea con un estilo más tenso y dramático que a Kirchner, pero eso es porque los varones, de cualquier sector de la clase política, como pertenecen al club de varones, tienen un modo más relajado. Ella no tiene club de mujeres y parece no haberlo querido armar. Esa es otra diferencia con Chiche, quien a partir de las figuras más conservadoras construyó una fuerza política propia de mujeres: de lo más tradicional, pero propia”, argumenta Fernández.
También Hillary ha debido responder a este tipo de descalificaciones de su propio poder: el presentador de ABC News Charles Gibson le preguntó hace poco en una entrevista pública: “¿Estaría en esta posición si no fuera por su marido?”. La columnista Peggy Noonan, del The Wall Street Journal, sacó unas conclusiones que van en la misma línea, remarcando una suerte de incapacidad femenina de afrontar situaciones difíciles, al concluir la interna demócrata que dio como victorioso a Obama: “(Hillary) se pasó su campaña acusando a América de ser sexista, de tratarla diferente por ser mujer, y luego, cuando no tuvo la elegancia para felicitar al ganador, envió a sus asesores a decirle a la prensa que sólo necesitaba tiempo, que todo era muy emotivo. En otras palabras: ella necesita espacio porque es una mujer”. También al final de la interna, uno de los asesores de Obama, al ser consultado por la CNN sobre si Hillary aceptaría ser la vicepresidenta en la fórmula demócrata, dijo que a ellos no les interesaba compartir el poder entre tres. Obviamente, se refería a que Hillary no viene sola, sino con Bill.
A LA DERECHA, POR FAVOR
Para orientar la imagen de las mujeres políticas –especialmente en la competencia presidencial y, luego, en el desarrollo mismo de la gestión– las estrategias de sus asesores suelen enfatizar su costado ordenancista. La campaña de Hillary hizo hincapié en su experiencia y la mostró cercana al establishment, lo que hizo que –según diversos analistas– la propuesta de “cambio” quedara del lado de Obama. El perfil institucionalista con que Cristina insiste desde antes de ser electa parece estar teñido de la misma pretensión: crear una imagen que contrarreste la supuesta debilidad femenina frente al poder. El riesgo de estas estrategias es el que ya derrotó a Hillary: que el discurso de estabilización, aun siendo muchas veces defensivo, determine el tono conservador de las mujeres políticas.
En cada uno de sus últimos discursos, Cristina insistió en nombrar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y la semana pasada reivindicó a las/os travestis y vendedores/as ambulantes (¡se olvidó de las mujeres en situación de prostitución!) que estuvieron presas por luchar contra el código de convivencia de la ciudad. Estas apelaciones a las luchas pasadas y recientes conviven hoy con la retórica sobre la institucionalización política (a veces poco creíble: como la idea de que para hacer un reclamo hay que constituirse en partido político) que fue su eje de campaña.
Sin embargo, la presión por un giro a la derecha parece ser una constante. “Una de las formas de supervivencia de una líder femenina es aliarse a la derecha, por lo cual renuncia así a una forma diferente de gestión: es una forma de compensar y mostrar sometimiento. Creo que hay una presión en ese sentido”, analiza Braga Menéndez.
“En el caso de Bachelet podemos hablar de elementos críticos de su liderazgo: ha habido un problema en la conducción, la cual finalmente ha sido entregada a la conducción económica proclive a favorecer los intereses derechistas y, en cambio, no hubieron cursos de acción respecto de la sensibilidad evidente que ha demostrado tener la presidenta. Esto se vincula, creo yo, no con una cuestión de liderazgo femenino, sino con la contradicción de este gobierno, y de los gobiernos de la Concertación en general, entre un horizonte socialdemócrata y una línea económica liberal: es una contradicción que la presidenta no zanja. Ahora, ¿por qué no lo hace? Si decimos que no lo hace por la gran influencia del sector liberal o componente derechista del gobierno o por la dificultad de toma de decisiones es algo que remite a diferentes interpretaciones. Yo diría que se trata de un problema de la institucionalidad heredada del pinochetismo: hay un empate político en la institucionalidad chilena que hace que siempre se tenga que negociar con la derecha”, sintetiza con claridad Garretón.
LA MISOGINIA MEDIATICA
Los vaivenes de la imagen medida por las encuestas permanentemente y la producción de enfoques generados desde los medios parece, por momentos, volverse tautológico: explican por qué asciende o desciende una personalidad a la vez que producen y convalidan cuáles son las formas correctas de tal valoración social. El tratamiento de los medios a las políticas mujeres, según la Organización Nacional de Mujeres de Estados Unidos (NOW, por sus siglas en inglés), puede dividirse en dos categorías principales: aquellos que trivializan a las mujeres que se lanzan a la política poniendo el eje en su ropa, en cómo se arreglan el pelo, o en su gusto en la decoración de la casa (personal y oficial), y aquellos que sitúan al género como su característica más importante, deslizando así los estereotipos más obvios para poner en cuestión la habilidad femenina para llevar adelante un liderazgo fuerte y efectivo. Esos estereotipos, a su vez, raramente salen de la dicotomía de manual: si las mujeres se muestran tradicionalmente femeninas serán tildadas de demasiado “suaves” o “débiles”; de lo contrario, si se exhiben poderosas y seguras, se les dirá que son “duras” o “estridentes”, dos atributos típicamente masculinos.
“Hubo una cuota de género en relación al tipo de críticas que se le hicieron a Cristina todas estas semanas de conflicto. No creo que los problemas sean netamente por esto, pero sí que la insistencia con su imagen –cómo se viste, cómo se pinta, etc.– es una forma de vulgarizarla. Después uno podría pensar, como hipótesis, si se le animan más porque es mujer. No diría que el conflicto duró tanto tiempo por esa razón pero sí que opera un prejuicio por el hecho de ser mujer que por supuesto se mezcla como rasgo dentro de una coyuntura política y de gestión más compleja”, describe Del Franco.
NOW siguió minuciosamente el tratamiento que los medios dieron a la campaña de Hillary. Y efectivamente uno de los ítem que destacan en su informe es una suerte de obsesión mediática con el vestuario de la candidata, usado casi como clave de interpretación (psicología barata de por medio) de su personalidad. Además, NOW ha instalado una suerte de observatorio virtual –mejor dicho: un “medidor misógino”– donde denuncia a todos y todas las periodistas que hacen uso de los estereotipos de género para fundamentar sus análisis políticos. Un ejemplo burdo pero con mucha audiencia: el presentador del programa Buenos días América, Glenn Beck, dijo que no podía escuchar los discursos de Hillary porque le hacían acordar al tono de su esposa cuando le pide que saque la basura.
“En los medios, siempre publican fotos de Cristina con un ángulo que sea, por decirlo de algún modo, ‘equívoco' cuando está con algunos personajes, de manera tal que parezcan fotos sexies. Así pasó en algunas que publicaron de ella con el presidente francés Sarkozy, con el presidente ecuatoriano Correa y con algún dirigente del campo”, señala Braga Menéndez como dato a tener en cuenta. “Es que creo que Cristina junta dos cosas que las mujeres políticas han tenido por separado: mientras que el aspecto de Bachelet y de Hillary es asexuado, ella pone una cuota de coquetería, de arreglo sexy, junto a un relato conceptualmente más alto que el común de la clase política argentina. Ambas cosas juntas, sobre todo porque suelen estar disociadas, resultan insoportables. Es más bien esto, y no que sus propuestas sean tan radicales, lo que convoca tanto rechazo”, dice Fernández.
La cuestión sexista no puede despreciarse o no tenerse en cuenta en la medida en que se articula como dimensión del debate público, del lenguaje mediático y del comentario al paso a la hora de analizar los rumbos del gobierno. Y, sobre todo, porque revela una dimensión del análisis político que pretende invisibilizar o trivializar el modo en que –justamente– se habla de las mujeres, en general y específicamente, de las que llegan al poder. (Página12, 27)
www.pagina12.com.ar
¿Una democracia sin sociedad civil?
Por Teresa Valdés E., ex presidenta del Consejo (provisorio) del Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil
La sociedad civil chilena es un actor históricamente incomprendido y poco relevado desde el punto de vista de su gran aporte al desarrollo y a una convivencia democrática e inclusiva. No obstante, como bien lo revela el Estudio Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro, publicado en 2006 y realizado por un equipo encabezado por Ignacio Irarrázaval y como parte de una iniciativa mundial impulsada por la Universidad John Hopkins, no sólo se trata de un actor indispensable en el avance de la democracia, la innovación social y el diseño y la ejecución de las políticas públicas pertinentes, sino que es un sector relevante en términos económicos.
- El sector no lucrativo chileno emplea de manera remunerada y voluntaria a más de 303 mil personas en Jornada Completa Equivalente (JCE), lo que representa 4,9% de la población económicamente activa. El solo empleo remunerado representa 2,6% de la población económicamente activa. En otras palabras, la sociedad civil chilena emplea más de tres veces el personal del sector minero (1,3%) o dos tercios del empleo de la construcción (8,1%).
Sin embargo, a pesar de su importancia política, social y económica, las políticas públicas que apuntan a su fomento y fortalecimiento son escasas y acotadas e incluso muchas veces se cuestiona la necesidad de la inversión pública para el desarrollo del sector. Recién en 2000, se impulsó desde el Gobierno de la época el desarrollo de una política pública en esta materia, en cuyo diseño participaron representantes de diversas organizaciones de la heterogénea sociedad civil.
Entre una de las medidas dispuestas, en septiembre de 2002 se constituyó el Consejo Provisorio del Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil, que ha tenido la misión de "contribuir al desarrollo de Organizaciones de la Sociedad Civil como un actor social diverso, innovador y responsable para el pleno ejercicio de la democracia, la participación ciudadana, la creación de condiciones para la asociatividad y el enriquecimiento del tejido social y el mejoramiento de la calidad de vida de la población en su conjunto".
La tarea principal del organismo ha sido desarrollar una institucionalidad para el apoyo a las organizaciones de la sociedad civil a partir de concursos de proyectos. El consejo (provisorio), formado mayoritariamente por representantes de organizaciones de la sociedad civil de distintos ámbitos políticos y sociales, que aportan su tiempo y sus capacidades de forma gratuita y voluntaria, ha constituido una experiencia única en la historia nacional, fruto del trabajo colaborativo entre la sociedad civil en toda su diversidad y los organismos estatales en la perspectiva de construir una mejor democracia sobre la base de los principios de autonomía, equidad, participación y transparencia.
El consejo ha aportado a construir procedimientos, instalar mecanismos de rendición de cuentas y transparencia para que miles de organizaciones puedan acceder a información relevante, mediante una plataforma virtual (www.portalciudadano.cl) puedan postular a los concursos, conocer las actas del consejo, los informes de gestión y los resultados de los concursos realizados.
El fondo ha entregado entre 2003 y 2007 más de 3 mil 650 millones de pesos mediante siete concursos que favorecieron a mil 152 proyectos que reunieron a varios miles de organizaciones de todo tipo a lo largo y ancho del país. Se trata de proyectos definidos por las propias organizaciones y no como parte de programas sociales de institución alguna.
Como parte de su desarrollo y contando con el respaldo de la aprobación unánime del proyecto de ley de asociacionismo y participación ciudadana en la gestión pública en la Cámara de Diputados, durante 2007 se formaron consejos del fondo en trece regiones y un nuevo consejo nacional, estableciendo una cuota de recursos para cada región, otras para la modalidad interregional y nacional. Cada consejo cuenta con una secretaría ejecutiva y la evaluación de cada concurso se realiza por una organización que se adjudica este proceso mediante una licitación pública. Un seguimiento riguroso de esta experiencia no puede sino celebrar los resultados alcanzados.
A lo largo de estos años ha ganado un reconocimiento progresivo entre las organizaciones sociales, las instituciones públicas y también organismos internacionales. Es así como un estudio encargado por la secretaría ejecutiva del fondo da cuenta de la importancia y utilidad de esta iniciativa para el desarrollo y el fortalecimiento de la sociedad civil. Se encuentran en este documento múltiples testimonios de cómo el apoyo logrado a través del fondo vino a consolidar las organizaciones, ampliar sus redes de contacto, fortalecer sus capacidades de gestión, así como difundir su quehacer y aporte a su reconocimiento por parte de otros actores.
Es por ello que resultan incomprensibles las acusaciones lanzadas por una revista local acerca de manejos oscuros en su quehacer. Sobre la base de información parcial y añeja, y la malinterpretación de buenas prácticas de control y monitoreo interno, propias de todo fondo concursable con recursos públicos, referida a un número insignificante de casos en un universo que supera el millar, se desprestigia un esfuerzo de la mayor seriedad de los actores sociales convencidos de que no se puede entender la democracia sin ciudadanía, que no alcanzaremos como país una democracia y un desarrollo de verdad sustentable, sin una sociedad civil vigorosa y activa, organizada en diferentes modos y sectores, con amplia participación de todos los sectores en los asuntos públicos.
¿Cuál es la apuesta detrás de tales acusaciones? ¿Destruir el tejido social que se ha reconstruido con tanto esfuerzo estos últimos años? ¿Desprestigiar sus liderazgos? ¿Crear el espejismo que es posible la democracia sin una sociedad civil fuerte? La polémica desatada, aprovechada por parlamentarios que nunca han querido la participación ciudadana, puede constituir una oportunidad para una reflexión más seria en torno a la democracia que queremos, a cómo la construimos colectivamente.
Mi invitación es a conocer la experiencia del Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil, a leer los debates que registran sus actas, a conocer las opiniones de quienes han participado en él o realizado actividades con su apoyo.
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Salvador Allende, un ejemplo que perdura
Por Fidel Castro

Nació hace cien años en Valparaíso, al sur de Chile, el 26 de junio de 1908. Su padre, de clase media, abogado y notario, militaba en el Partido Radical chileno. Cuando yo nací, Allende tenía 18 años. Realiza sus estudios medios en un liceo de la ciudad natal.
En sus años de estudiante preuniversitario, un viejo anarquista italiano, Juan Demarchi, lo pone en contacto con los libros de Marx.
Se gradúa como alumno excelente. Le gusta el deporte y lo practica. Ingresa voluntario al servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar. Solicita traslado al Regimiento Lanceros de Tacna, un enclave chileno en el norte seco y semidesértico, posteriormente devuelto a Perú. Egresa como oficial de reserva del Ejército. Lo hace ya como hombre de ideas socialistas y marxistas. No se trataba de un joven blando y sin carácter. Era como si adivinara que un día combatiría hasta la muerte defendiendo las convicciones que ya comenzaban a gestarse en su mente.
Decide estudiar la noble carrera de Medicina en la Universidad de Chile. Organiza un grupo de compañeros que se reúnen periódicamente para leer y discutir sobre el marxismo. Funda el Grupo Avance en 1929. Es elegido vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile en 1930 y participa activamente en la lucha contra la dictadura de Carlos Ibáñez.
Se había desatado ya la gran depresión económica en Estados Unidos con la crisis de la Bolsa de Valores que estalló en 1929. Cuba se adentraba en la lucha contra la tiranía machadista. Mella había sido asesinado. Los obreros y los estudiantes cubanos se enfrentaban a la represión. Los comunistas, con Martínez Villena al frente, desataban la huelga general. "Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones..." —había proclamado en vibrante poema. Guiteras, de profunda raíz antiimperialista, intenta derrocar la tiranía con las armas. Cae Machado, que no puede resistir el empuje de la nación, y surge una revolución que Estados Unidos en pocos meses, con guantes de seda y mano de hierro, aplasta, y su dominio absoluto perdura hasta 1959.
Durante ese período Salvador Allende, en un país donde la dominación imperialista se ejercía brutalmente sobre sus trabajadores, su cultura y sus riquezas naturales, lleva a cabo una lucha consecuente que nunca lo apartó de su intachable conducta revolucionaria.
En 1933 se gradúa de médico. Participa en la fundación del Partido Socialista de Chile. Es ya dirigente en 1935 de la Asociación Médica Chilena. Sufre prisión durante casi medio año. Impulsa el esfuerzo para crear el Frente Popular, y lo eligen subsecretario general del Partido Socialista en 1936.
En septiembre de 1939 asume la Cartera de Salubridad en el gobierno del Frente Popular. Publica un libro suyo sobre medicina social. Organiza la primera Exposición de la Vivienda. Participa en el año 1941 en la reunión anual de la Asociación Médica Americana en Estados Unidos. Asciende en 1942 a Secretario General del Partido Socialista de Chile. Vota en el Senado, en el año 1947, contra la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, conocida como "Ley Maldita" por su carácter represivo. Asciende en 1949 a Presidente del Colegio Médico.
En 1952 el Frente del Pueblo lo postula para Presidente. Tenía entonces 44 años. Pierde. Presenta en el Senado un proyecto de ley para la nacionalización del cobre. Viaja a Francia, Italia, Unión Soviética y la República Popular China en 1954.
Cuatro años después, en 1958, es proclamado candidato a la Presidencia de la República por el Frente de Acción Popular, constituido por la Unión Socialista Popular, el Partido Socialista de Chile y el Partido Comunista. Pierde la elección frente al conservador Jorge Alessandri.
Asiste en 1959 a la toma de posesión como Presidente de Venezuela de Rómulo Betancourt, considerado hasta entonces una figura revolucionaria de izquierda.
Viaja ese mismo año a La Habana y se entrevista con el Che y conmigo. Respalda en 1960 a los mineros del carbón, que paralizan su trabajo durante más de tres meses.
Denuncia junto al Che en 1961 el carácter demagógico de la Alianza para el Progreso en la reunión de la OEA que tuvo lugar en Punta del Este, Uruguay.
Designado de nuevo candidato a la Presidencia, es derrotado en 1964 por Eduardo Frei Montalva, democratacristiano que contó con todos los recursos de las clases dominantes y que, según datos revelados en documentos desclasificados del Senado de Estados Unidos, recibió dinero de la CIA para apoyar su campaña. En su gobierno, el imperialismo trató de diseñar lo que se dio en llamar la "Revolución en Libertad", como respuesta ideológica a la Revolución Cubana. Lo que engendró fueron los fundamentos de la tiranía fascista. En esa elección, Allende obtiene, sin embargo, más de un millón de votos.
Encabeza en 1966 la delegación que asiste a la Conferencia Tricontinental de La Habana. Visita la Unión Soviética en el Aniversario 50 de la Revolución de Octubre. El año siguiente, 1968, visita la República Democrática de Corea, la República Democrática de Viet Nam, donde tiene la satisfacción de conocer y conversar con el extraordinario dirigente de ese país, Ho Chi Minh. Incluye en ese mismo recorrido a Camboya y Laos, en plena efervescencia revolucionaria.
Tras la muerte del Che, acompaña personalmente hasta Tahití a tres cubanos de la guerrilla en Bolivia, que sobrevivieron a la caída del Guerrillero Heroico y se encontraban ya en territorio chileno.
La Unidad Popular, coalición política integrada por comunistas, socialistas, radicales, MAPU, PADENA y Acción Popular Independiente, lo proclama su candidato el 22 de enero de 1970, y triunfa el 4 de septiembre en los comicios de ese año.
Es un ejemplo verdaderamente clásico de la lucha por vías pacíficas para establecer el socialismo.
El gobierno de Estados Unidos, presidido por Richard Nixon, después del triunfo electoral entra de inmediato en acción. El Comandante en Jefe del Ejército chileno, general René Schneider, es víctima de un atentado el 22 de octubre y fallece tres días después porque no se plegaba a la demanda imperialista de un golpe de Estado. Fracasa el intento de impedir la llegada de la Unidad Popular al gobierno.
Allende asume legalmente con toda dignidad el cargo de Presidente de Chile el 3 de noviembre de 1970. Comienza desde el gobierno su heroica batalla por los cambios, enfrentando al fascismo. Tenía ya 62 años de edad. Me cupo el honor de haber compartido con él 14 años de lucha antiimperialista desde el triunfo de la Revolución Cubana.
En las elecciones municipales de marzo del año 1971, la Unidad Popular obtiene mayoría absoluta de los votos con el 50,86 por ciento. El 11 de julio el presidente Allende promulga la Ley de Nacionalización del Cobre, una idea que había propuesto al Senado 19 años antes. Fue aprobada en el Congreso por unanimidad. Nadie se atrevía a objetarla.
En 1972 denuncia en la Asamblea General de las Naciones Unidas la agresión internacional de que es víctima su país. Es ovacionado de pie durante largos minutos. Visita ese mismo año la Unión Soviética, México, Colombia y Cuba.
En 1973, al realizarse las elecciones parlamentarias de marzo, la Unidad Popular obtiene un 45 por ciento de los votos y aumenta su representación parlamentaria.
No pueden prosperar las medidas promovidas por los yanquis en las dos Cámaras para destituir al Presidente.
El imperialismo y la derecha agudizan una lucha sin cuartel contra el gobierno de la Unidad Popular y desatan el terrorismo en el país.
Le escribí seis cartas confidenciales a mano, con letra pequeñita y una pluma de punta fina entre los años 1971 y 1973, en las que le abordaba temas de interés con la mayor discreción.
El 21 de mayo de 1971 le decía:
"...Estamos maravillados de tu extraordinario esfuerzo y tus energías sin límites para sostener y consolidar el triunfo.
"Desde aquí se puede apreciar que el poder popular gana terreno a pesar de su difícil y compleja misión.
"Las elecciones del 4 de Abril constituyeron una espléndida y alentadora victoria.
"Han sido fundamentales tu valor y decisión, tu energía mental y física para llevar adelante el proceso revolucionario.
"Seguramente les esperan a ustedes grandes y variadas dificultades a enfrentar en condiciones que no son precisamente ideales, pero una política justa, apoyada en las masas y aplicada con decisión no puede ser vencida..."
El 11 de septiembre de 1971, le escribí:
"El portador viaja para tratar contigo los detalles de la visita.
"Inicialmente, considerando un posible vuelo directo en avión de Cubana, analizamos la conveniencia de aterrizar en Arica e iniciar el recorrido por el norte. Surgen luego dos cosas nuevas: interés expresado a ti por Velazco Alvarado de un posible contacto en mi viaje hacia esa; posibilidad de contar con un avión soviético IL-62 de mayor radio. Esto último permite, si se quiere, arribar en vuelo directo a Santiago.
"Va un esquema de recorrido y actividades para que tú añadas, suprimas e introduzcas las modificaciones que estimes pertinente.
"He procurado pensar exclusivamente en lo que pueda ser de interés político sin preocuparme mucho el ritmo o la intensidad del trabajo, pero todo en absoluto queda sometido a tus criterios y consideraciones.
"Hemos disfrutado mucho los éxitos extraordinarios de tu viaje a Ecuador, Colombia y Perú. ¿Cuándo tendremos en Cuba la oportunidad de emular con ecuatorianos, colombianos y peruanos en el enorme cariño y el calor con que te recibieron?"
En aquel viaje, cuyo esquema transmití al presidente Allende, salvé milagrosamente la vida. Recorrí decenas de kilómetros ante una multitud enorme, situada a lo largo del camino. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos organizó tres acciones para asegurar mi asesinato durante ese viaje. En una entrevista de prensa anunciada con anterioridad, había una cámara suministrada por una emisora televisiva de Venezuela equipada con armas automáticas, manejada por mercenarios cubanos que con documentos de ese país habían ingresado a Chile. El valor les falló a los que solo tenían que apretar el gatillo durante el largo tiempo que duró la entrevista y las cámaras me enfocaron. No querían correr el riesgo de morir. Me habían perseguido, además, por todo Chile, donde no me volvieron a tener tan cerca y vulnerable. Sólo pude conocer los detalles de la cobarde acción años más tarde. Los servicios especiales de Estados Unidos habían llegado más lejos de lo que podíamos imaginarnos.
El 4 de febrero de 1972 escribí a Salvador:
"La delegación militar fue recibida con el mayor esmero por todos aquí. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias dedicaron prácticamente todo su tiempo durante esos días a atenderla. Los encuentros fueron amistosos y humanos. El programa intenso y variado. Mi impresión es que el viaje ha sido positivo y útil, que existe la posibilidad y es conveniente seguir desarrollando estos intercambios.
"Con Ariel hablé sobre la idea de tu viaje. Comprendo perfectamente que el trabajo intenso y el tono de la contienda política las últimas semanas no te hayan permitido considerarlo para la fecha aproximada que mencionamos en esa. Es indudable que no habíamos tomado en cuenta estas eventualidades. Por mi parte, aquel día, vísperas de mi regreso, cuando cenábamos ya de madrugada en tu casa, ante la falta de tiempo y la premura de las horas, me tranquilizaba pensar que relativamente pronto nos volveríamos a encontrar en Cuba donde íbamos a disponer la posibilidad de conversar extensamente. Tengo, no obstante, la esperanza de que puedas tomar en consideración la visita antes de mayo. Menciono este mes, porque a más tardar, desde mediados del mismo, tengo que realizar el viaje, ya impostergable, a Argelia, Guinea, Bulgaria, otros países y la URSS. Esta amplia visita me llevará considerable tiempo.
"Te agradezco mucho las impresiones que me comunicas sobre la situación. Aquí, cada día más familiarizados, interesados y afectados emotivamente todos con el proceso chileno, seguimos con gran atención las noticias que llegan de allá. Ahora podemos comprender mejor el calor y la pasión que debió suscitar la revolución cubana en los primeros tiempos. Podría decirse que estamos viviendo nuestra propia experiencia a la inversa.
"En tu carta puedo apreciar la magnífica disposición de ánimo, serenidad y valor con que estás dispuesto a enfrentar las dificultades. Y eso es fundamental en cualquier proceso revolucionario, especialmente cuando se desarrolla en las condiciones sumamente complejas y difíciles de Chile. Yo regresé con una extraordinaria impresión de la calidad moral, cultural y humana del Pueblo Chileno y de su notable vocación patriótica y revolucionaria. A ti te ha correspondido el singular privilegio de ser su conductor en este momento decisivo de la historia de Chile y de América, como culminación de toda una vida de lucha, como dijiste en el estadio, consagrada a la causa de la revolución y el socialismo. Ningún obstáculo puede ser invencible. Alguien dijo que en una revolución se marcha adelante con ‘audacia, audacia y más audacia'. Yo estoy convencido de la profunda verdad que encierra este axioma."
Le escribí de nuevo al presidente Allende el 6 de septiembre de 1972:
"Con Beatriz te mandé mensaje sobre distintos tópicos. Después que ella partió y con motivo de las noticias que estuvieron llegando la pasada semana, decidimos enviar al compañero Osmany para ratificarte nuestra disposición de colaborar en cualquier sentido, y a la vez tú puedas comunicarnos a través de él tu apreciación de la situación y tus ideas con relación al viaje proyectado a esta y otros países. El pretexto del viaje de Osmany será inspeccionar la Embajada cubana, aunque no se le dará publicidad alguna. Queremos que su estancia en esa sea muy breve y discreta.
"Los puntos planteados por ti a través de Beatriz ya se están cumplimentando...
"Aunque comprendemos las actuales dificultades del proceso chileno, tenemos la confianza de que ustedes hallarán el modo de vencerlas.
"Puedes contar enteramente con nuestra cooperación. Recibe un saludo fraternal y revolucionario de todos nosotros."
El 30 de junio de 1973 enviamos una invitación oficial al presidente Salvador Allende y a los partidos de la Unidad Popular a la conmemoración del 20 Aniversario del ataque al Cuartel Moncada.
En carta aparte, le digo:
"Salvador:
"Lo anterior es la invitación oficial, formal, para la conmemoración del 20 Aniversario. Lo formidable sería que tú pudieras dar un salto a Cuba para esa fecha. Puedes imaginarte lo que significaría eso de alegría, satisfacción y honor para los cubanos. Sé que eso sin embargo depende más que nada de tus trabajos y de la situación en esa. Lo dejamos por tanto a tu consideración.
"Todavía estamos bajo el impacto de la gran victoria revolucionaria del día 29 y tu brillante papel personal en los acontecimientos. Es natural que muchas dificultades y obstáculos subsistirán pero estoy seguro de que esta primera prueba exitosa les dará gran aliento y consolidará la confianza del pueblo. Internacionalmente se ha dado gran relieve a los sucesos y se aprecia como un gran triunfo.
"Actuando como lo hiciste el 29, la revolución chilena saldrá victoriosa de cualquier prueba por dura que sea.
Te reitero que los cubanos estamos a tu lado y que puedes contar con tus fieles amigos de siempre."
El 29 de julio de 1973 le envío la última carta:
"Querido Salvador:
"Con el pretexto de discutir contigo cuestiones referentes a la reunión de países no alineados, Carlos y Piñeiro realizan un viaje a esa. El objetivo real es informarse contigo sobre la situación y ofrecerte como siempre nuestra disposición a cooperar frente a las dificultades y peligros que obstaculizan y amenazan el proceso. La estancia de ellos será muy breve por cuanto tienen aquí muchas obligaciones pendientes y, no sin sacrificio de sus trabajos, decidimos que hicieran el viaje.
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"Veo que están ahora en la delicada cuestión del diálogo con la D.C. en medio de acontecimientos graves como el brutal asesinato de tu edecán naval y la nueva huelga de los dueños de camiones. Imagino por ello la gran tensión existente y tus deseos de ganar tiempo, mejorar la correlación de fuerzas para caso de que estalle la lucha y, de ser posible, hallar un cauce que permita seguir adelante el proceso revolucionario sin contienda civil, a la vez que salvar tu responsabilidad histórica por lo que pueda ocurrir. Estos son propósitos loables. Pero en caso de que la otra parte, cuyas intenciones reales no estamos en condiciones de valorar desde aquí, se empeñase en una política pérfida e irresponsable exigiendo un precio imposible de pagar por la Unidad Popular y la Revolución, lo cual es, incluso, bastante probable, no olvides por un segundo la formidable fuerza de la clase obrera chilena y el respaldo enérgico que te ha brindado en todos los momentos difíciles; ella puede, a tu llamado ante la Revolución en peligro, paralizar a los golpistas, mantener la adhesión de los vacilantes, imponer sus condiciones y decidir de una vez, si es preciso, el destino de Chile. El enemigo debe saber que está apercibida y lista para entrar en acción. Su fuerza y su combatividad pueden inclinar la balanza en la capital a tu favor aun cuando otras circunstancias sean desfavorables.
"Tu decisión de defender el proceso con firmeza y con honor hasta el precio de tu propia vida, que todos te saben capaz de cumplir, arrastrarán a tu lado a todas las fuerzas capaces de combatir y a todos los hombres y mujeres dignos de Chile. Tu valor, tu serenidad y tu audacia en esta hora histórica de tu patria y, sobre todo, tu jefatura firme, resuelta y heroicamente ejercida, constituyen la clave de la situación.
"Hazles saber a Carlos y a Manuel en qué podemos cooperar tus leales amigos cubanos.
"Te reitero el cariño y la ilimitada confianza de nuestro pueblo."
Esto lo escribí mes y medio antes del golpe. Los emisarios eran Carlos Rafael Rodríguez y Manuel Piñeiro.
Pinochet había conversado con Carlos Rafael. Le había simulado una lealtad y firmeza similares a las del general Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército durante parte del gobierno de la Unidad Popular, un militar digno al que la oligarquía y el imperialismo pusieron en total crisis, que lo obligó a renunciar al mando, y fue más tarde asesinado en Argentina por los esbirros de la DINA, después del golpe fascista de 1973.
Yo desconfiaba de Pinochet desde que leí los libros de geopolítica que me obsequió durante mi visita a Chile y observé su estilo, sus declaraciones y los métodos que como Jefe del Ejército aplicaba cuando las provocaciones de la derecha obligaban al presidente Allende a decretar el estado de sitio en Santiago de Chile. Recordaba lo que advirtió Marx en el 18 Brumario.
Muchos jefes militares del ejército en las regiones y sus estados mayores querían conversar conmigo dondequiera que llegaba, y mostraron notable interés por los temas de nuestra guerra de liberación y las experiencias de la Crisis de Octubre de 1962. Las reuniones duraban horas en las madrugadas, que era el único tiempo libre para mí. Yo accedía por ayudar a Allende, inculcándoles la idea de que el socialismo no era enemigo de los institutos armados. Pinochet, como jefe militar, no fue una excepción. Allende consideraba útiles estos encuentros.
El 11 de septiembre de 1973 muere heroicamente defendiendo el Palacio de La Moneda. Combatió como un león hasta el último aliento.
Los revolucionarios que resistieron allí la embestida fascista contaron cosas fabulosas sobre los momentos finales. Las versiones no siempre coincidían, porque luchaban desde diferentes puntos de Palacio. Además, algunos de sus más cercanos colaboradores murieron, o fueron asesinados después del duro y desigual combate.
La diferencia de los testimonios consistía en que unos afirmaban que los últimos disparos los hizo contra sí mismo para no caer prisionero, y otros que su muerte sobrevino por fuego enemigo. El Palacio ardía atacado por tanques y aviones para consumar un golpe que consideraban trámite fácil y sin resistencia. No hay contradicción alguna entre ambas formas de cumplir el deber. En nuestras guerras de independencia hubo más de un ejemplo de combatientes ilustres que, cuando ya no había defensa posible, se privaron de la vida antes de caer prisioneros.
Hay mucho que decir todavía sobre lo que estuvimos dispuestos a hacer por Allende, algunos lo han escrito. No es el objetivo de estas líneas.
Hoy se cumple un siglo de su nacimiento. Su ejemplo perdurará.
www.granma.cu/
El Gobierno en tiempos de competencia
Por Víctor Maldonado
Se dice que la Concertación ha sufrido un desgaste por el hecho de estar en el Gobierno. El remedio sería abandonar el poder para “recuperarse”. Eso es falso y la peor manera de mirar el escenario. Sé que siempre se espera un rápido declive de la influencia de un Gobierno corto precisamente cuando dobla la curva de sus dos últimos años. Pero puede que esta concepción previa tenga que revisarse debido a la inexperiencia que tenemos en gobiernos de cuatro años de duración. Las cosas están sucediendo de un modo diferente al que se anticipaba.
Cuando la competencia política arrecia y los conflictos políticos de todo calado se presentan a cada rato, es necesario que haya un centro firme que garantice gobernabilidad y estabilidad. Son las competencias de todo tipo las que le dan al Ejecutivo una oportunidad de acrecentar su protagonismo. La existencia de una fuerte competencia interna en la coalición de Gobierno, durante la elección municipal, unido a la falta de una buena evaluación pública conseguida por la oposición en el mismo período, bien pueden hacer que el Gobierno sea, en lo que resta de la administración, mucho más que un espectador de los actores en conflicto.
La generación de logros siempre tendrá audiencia, aun cuando las noticias políticas se concentren cada vez más en los candidatos presidenciales y la acción de sus comandos. Esto no es la primera vez que ocurre. Se recordará que los mejores años de la Presidencia de Ricardo Lagos no fueron los primeros sino los últimos. Si la administración de Michelle Bachelet se convierte en un generador de certezas y de seguridades, de buen manejo de situaciones críticas y adecuada conducción del cumplimiento de su programa y promesas electorales, entonces puede ser el factor de unidad y confluencia que el sistema político requiere, durante el turbulento período en el que nos adentramos.
Ciertamente, el Ejecutivo ha tenido un buen resultado en la última quincena. Consiguió aprobar un conjunto de iniciativas legislativas que resultaban absolutamente claves para validar su imagen pública. Bachelet se jugó su capital político en el respaldo a la Ley General de Educación (LGE), consiguiendo una amplia confirmación de su liderazgo por el alineamiento de su coalición. Por cierto, no se trata de hacer estos gestos a cada rato. En el futuro, el empleo de mejores procedimientos previos puede restarle dramatismo a situaciones como las ya vividas. Los buenos resultados no requieren del nivel de tensión que ha requerido esta trabajosa y exitosa conclusión.
Por supuesto, nada de lo conseguido es fruto de la casualidad o el azar. Tal parece que sólo ahora la administración de Bachelet ha conseguido una madurez suficiente como para lograr un eficiente trabajo de equipo. No es que los errores hayan estado ausentes. En absoluto. Pero aún tomando en cuenta todas las críticas válidas recibidas, lo cierto es que estamos en presencia de una labor colectiva coordinada, bajo liderazgo presidencial, que confirma una muy lenta tendencia a cimentar apoyo. Pero para que el Gobierno consiga una influencia política creciente, se requiere implementar muchos cambios y ajustes de fina sintonía. Si hasta ahora el Gobierno ha tenido éxito, ha sido porque ha cometido menos errores que la oposición, pero no necesariamente porque sea un dechado de virtudes. En realidad, a ambos lados de la cancha los desaciertos y autogoles no han estado ausentes del comportamiento observado. Lo acertado, no obstante, es aportar a los aciertos, no a la simple ausencia de errores.
Para consolidar sus recientes éxitos, el Ejecutivo debe mantener una línea que signifique aprender de sus actuales deficiencias. El Gobierno depende de su capacidad de concentrarse en las tareas nacionales que tiene a su cargo. Por lo general, el oficialismo acierta siempre que muestra lo que hace, y siempre se mete en problemas cuando sus personeros de dedican a hacer comentarios públicos sobre temas laterales o inapropiados. En relación con su coalición, La Moneda y los ministerios no pueden inmiscuirse para nada en la competencia territorial entre partidos que, por igual, constituyen su base de apoyo. Cuando todos son necesarios, no existen favoritos.
Por eso, la mejor forma -y la única apropiada- en que el Ejecutivo puede participar de la campaña es cumplir con su labor propia, bien y a tiempo. Si ejecuta su programa, entregará un apoyo válido y efectivo a los candidatos locales que la respaldan. El Gobierno es la casa común de toda la Concertación y así debe mantenerse en forma permanente, sin dejar espacio para dudas. Hay que recordar que éste es sólo el primero de dos años electorales, y hay que dar garantías de juego limpio a todos los sectores políticos.
Por otra parte, es por completo claro que el oficialismo debe mejorar el trabajo cooperativo con sus bancadas parlamentarias. No es nada fácil buscar acuerdos con la derecha y obtener, al mismo tiempo, consensos representativos de la Concertación, pero una cosa no funciona sin la otra. No siempre se han de repetir los mismos procedimientos para conseguir iguales resultados. Hay modos de proceder que se agotan y es bueno darse cuenta de ello a tiempo.
El buen trabajo de equipo conseguido hasta ahora por el oficialismo requerirá de innovación y de capacidad de adaptarse a las circunstancias políticas generada por sus propios triunfos anteriores. El Gobierno debe circunscribir su agenda parlamentaria a aquella estrictamente necesaria para cumplir lo prometido ante los ciudadanos. Tiene que participar de las discusiones parlamentarias de primer orden, pero no puede incorporarse a una contingencia ya muy recargada de todo tipo de conflictos de envergadura muy desigual.
Por último, a todo gobernante le gustaría hacer mucho más de lo que puede. Pero intentarlo todo es perderlo todo. Hay que saber concentrarse en lo fundamental para tener la certeza de que se lograrán las grandes iniciativas en las que se embarca.
En pocas palabras, el oficialismo puede ir ganando en apoyo, adhesión y capacidad de ejecutar iniciativas en sus dos últimos años. Lo puede lograr si se concentra en sus tareas y nunca pierde de vista que el respaldo social lo ha de conseguir de la ciudadanía y el respaldo político de su coalición. Los que no lo creen posible, se dejan ganar por un prejuicio. Se dice, por ejemplo, que la Concertación ha sufrido un desgaste por el hecho de estar en el Gobierno. El remedio sería, por supuesto, abandonar el poder para "recuperarse" del dañino ejercicio del mando. Eso es falso y la peor manera de mirar el escenario político.
Lo que se puede observar del conjunto de las organizaciones partidarias más conocidas es que ninguna de ellas se ha fortalecido en los últimos años. Algunos están más ordenados que otros (el PS, para nombrar uno), otros tienen un incentivo especial por ver la posibilidad de llegar al poder (RN) y por eso cuidan mucho lo que dicen. Pero ninguno ha acumulado una notoria ventaja en relación al resto en cuanto a renovación. Los problemas de los partidos tienen mayor o menor énfasis, pero no excepciones. Todos presentan problemas de disciplina. Cada cual ha tenido que lamentar faltas a la probidad en algunos de sus integrantes, en cada caso se puede observar la concentración del poder interno en pocas manos, etc.
Por eso se puede afirmar sin titubeos que no es el lugar donde uno se haya lo que evita los problemas, sino que son todos males que les vienen a los partidos desde dentro y no desde el contexto en el que se desenvuelven. No se es probo por estar en la oposición ni corrupto por estar en el Gobierno. No se tienen más ideas, iniciativas o buenas intenciones sólo por haber ganado o perdido una elección. Lo cierto, en todo caso, es que el poder hace daño si no se lo ejerce a plenitud, en forma correcta y uniendo lo que se promete con lo que se hace. Por eso, la Concertación depende de sus obras para ganar nuevamente el apoyo popular. Ni más ni menos.
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7 días m….meritocráticos
Por Sergio España
Viernes 20 de Junio. 10 AM Restaurante Cienfuegos. Santiago. La subsecretaria de Hacienda María Olivia Recart, el alcalde de Ñuñoa Pedro Sabat y el emprendedor Sergio Gandara comentan el estudio Errázuriz González y Silva…clientes de la modernización del Estado. Buen debate, entretenido, jugados en sus opiniones el Alcalde y la Subsecretaria. Un par de preguntas incisivas, por ejemplo las la Rodrigo Castillo y un joven que no conozco. Muy pocos consejeros de Giro País (¿convoca poco González o Errázuriz?). A propósito: ¿qué habrá pasado con la propuesta de modernización del Estado que haría Giro País a Pérez Yoma? ….¿qué habrá pasado con Pérez Yoma y su propuesta más bien?.
Martes 24. 7.45 AM. El Tránsito. Me trae en su auto un vecino, ejecutivo de RR.HH de una empresa grande. Me comenta que me vio en la tele hablando de una encuesta sobre los González, pero no recuerda mucho (¿la imagen es todo?). Le explico. Lo encuentra interesante. Más su hija que va en cuarto medio. Me comenta que en su empresa echaron a un contador que se robó 32 millones de pesos. El gerente le dijo que nunca más se comete el mismo error: tenemos que contrata gente como nosotros, de buena familia…¿me entiendes?. Mi amigo me dice que hace algún tiempo un gerente - como nosotros- se robó una cantidad mucho mayor de dinero.
Jueves 26. 18,30. Oficina A sugerencia de Charles Rothery- mi socio- escribo una columna para responder a un profesor de la U. Diego Portales que cuestionaba el uso de redes como Facebook por considerar que eran “redes vacías”: “millones de todas las edades que están haciendo un collage – biográfico-digital para salir de su anominato social” (sic). Hace tiempo habíamos conversado en nuestro equipo de trabajo que estas redes digitales son usadas para los que no tenían redes tradicionales de contactos. Un instrumento de meritocracia. Ojála publique la columna La Segunda, un medio no muy meritocrático ¿habrá otro diario donde siempre opinen los mismos? Feliz la clase política de auto leerse, especialmente los viernes
Jueves 26. 20.00. Radio Duna. Terapia Chilensis. Invitada la subsecretaria de Hacienda a comentar la encuesta y la modernización del Estado. Señala la importancia de Internet para reducir la discriminación en el trato. Habla Chilecompras para las Pymes, donde pueden competir con mayor igualdad de oportunidades a través de licitaciones electrónicas. Señala los avances en contratación a través de Alta Dirección Pública especialmente para profesionales jóvenes (CV ciegos). Héctor Soto se declara escéptico. Pasemos a cosas más terrenales señala. Plop. No sé por qué me acuerdo que en dos oportunidades enviamos un proyecto a Giro-País para estimular iniciativas meritocráticas, especialmente en regiones y jóvenes. Súper…. Gracias. .
Jueves 26. 22.00. Segunda temporada del Club de la Comedia en Chilevisión. Fenómeno de rating el año pasado. Dos de los actores son de Maipú, estudiaron en un liceo industrial (uno es hijo de un funcionario municipal) y el otro superó un cáncer. A puro mérito lograron levantar el people meter. (De paso el costo de ese punto de training no tiene comparación con otros espacios grandes ).
Viernes 27. 8.10 AM Colectivo Buin- Santiago. Dos pasajeros conversan de una familia que ellos conocen. Empeñaron sus pertenencias y se lanzaron en la concesión de un casino para camioneros. Les fue bien como emprendedores, pero pasados unos meses el dueño de la empresa de transportes- un conocido empresario- les caducó la concesión sin ninguna explicación y fuera de todo procedimiento. Simplemente le puso candado al terreno. La justicia señala que el personaje no ha sido habido. “así son los poderosos” concluye uno. Perdieron todos sus ahorros. González y sin contactos.
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Cambio climático: Salir del impasse
Por Tony Blair, ex Primer Ministro británico desde 1997 hasta 2007. Hoy lidera la iniciativa "Salir del Impasse Climático" para promover un nuevo trato global en relación con el cambio climático.
En los últimos años ha habido un enorme cambio de opinión respecto del cambio climático. Los científicos y líderes políticos se encuentran ahora unidos respecto de la amenaza y la necesidad de actuar. Pero existe un peligro de profundo abismo entre el tamaño y la velocidad de las disminuciones de gases de efecto invernadero que requerimos. Los científicos dicen que para el 2020 son esenciales las reducciones de entre 25% y 40% en los países industrializados para controlar el aumento de la temperatura y disminuir el riesgo de un cambio climático irreversible y catastrófico.
Pero con las emisiones globales de carbono creciendo por sobre el 1% anual, los líderes políticos ponen en duda cómo pueden lograr esas drásticas reducciones sin dañar la prosperidad.
Sir Nicholas Stern, autor del estudio de 2006 sobre economía del cambio climático, podría haber demostrado que el costo de un retraso en detener el cambio climático podría ser muchas veces superior en comparación con tomar acciones ahora. Pero los políticos que piensan únicamente en el largo plazo e ignoran los asuntos inmediatos de preocupación pública podrían encontrarse a sí mismos en funciones sólo en el corto plazo, siendo reemplazados por aquellos que carecen de su visión.
Así, el desafío es acordar una acción nacional e internacional para crear economías con bajas emisiones de carbono, pero de una manera que permita que la gente incluyendo a las zonas más pobres del mundo goce de los beneficios materiales y sociales de crecimiento y consumo. Esto necesita un marco lo suficientemente radical acerca de dónde ir, pero realista acerca de dónde estamos ahora y la velocidad a la que se quiera ir.
Es una tarea, dada la complejidad de los asuntos involucrados, más difícil que cualquiera que la comunidad internacional haya enfrentado en más de medio siglo. Pero es vital, dado el precio potencial del fracaso, que se logre un acuerdo en la conferencia de la Naciones Unidas en Copenhague el próximo año.
De momento, no subestimo las inmensas dificultades políticas y económicas. El consenso es que las emisiones de gases deben ser disminuidas en más de 50% hacia 2050 para tener una buena oportunidad de mantener la elevación de temperatura en cerca de dos grados centígrados. Lograr esto requeriría un cambio de proporciones nunca antes vistas en nuestras economías.
También tenemos que aceptar la realidad. Para cerrar la brecha es esencial una expansión de la energía renovable y, en algunos países al menos, de la energía nucleoeléctrica.
Pero la gran cantidad de nuevas centrales eléctricas que serán construidas en los Estados Unidos, la India y China en las dos próximas décadas serán a carbón, por lo que es absolutamente crucial desarrollar tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. Y existe una enorme brecha entre nuestra necesidad de energía nucleoeléctrica y la capacidad de generarla, por las críticas y reducciones que la industria nuclear ha enfrentado en años recientes.
Tampoco podemos permitirnos reiniciar Kioto. Necesitamos que todos los países estén involucrados. El mundo desarrollado, que generó el 80% de los gases de efecto invernadero de origen antrópico en nuestra atmósfera, tiene que asumir el liderazgo en reducir dichas emisiones. Pero aun si los Estados Unidos lograran cumplir con las metas más audaces de reducciones y China siguiera en su presente senda, las emisiones aumentarían por encima del nivel en que un cambio climático potencialmente catastrófico se vuelve mucho más probable.
Por ello, grande es el desafío y apretada la fecha límite. Sin una dirección política clara hay un riesgo real de que la Cumbre de las Naciones Unidas en Copenhague en 2009 lleve a un acuerdo sobre el menor denominador común, con cada país dando tan poco como crea posible.
Pero también es posible ver un marco para el ambicioso aunque factible acuerdo que se requiere. En este punto resulta de ayuda el alto precio del crudo y las continuas preocupaciones acerca de cómo la oferta alcanzará la demanda en el futuro. Tanto la seguridad energética y el cambio climático apuntan hacia la necesidad de transformar la forma en que nuestras economías crecen para reducir radicalmente nuestra dependencia del carbono. Esto debiera hacer posible un próximo acuerdo universal para reducir las emisiones en un 50% hacia 2050.
La tarea crucial en Copenhague es lograr una dirección clara, tanto para el mundo desarrollado como el que está en vías de serlo, hacia una economía con bajas emisiones de carbono. Necesitamos un acuerdo que sea lo que más se pueda lograr políticamente en 2009, pero que siente las bases para que el acuerdo sea fácilmente ajustado en el tiempo.
Esto requiere que los países industriales líderes que asistan a la Cumbre del G-8 en Hokkaido el próximo mes junto al encuentro de las mayores economías logren ponerse de acuerdo en la meta para el 2050 y en elementos centrales que pudieran ser incluidos en el acuerdo global.
Deben identificar y financiar las investigaciones y análisis necesarios para lograr un acuerdo más amplio en Copenhague que pueda ser llevado adelante en la Cumbre del G-8 que se desarrollará en Italia.
Si se efectúan esos pasos preparatorios, entonces la comunidad internacional llegará a Copenhague sabiendo que existe una dirección política desde los países responsables del 75% de todas las emisiones. En gran medida, también resultará claro que Copenhague no podrá resolver todos los problemas, sino establecer un proceso continuo que permitirá ajustarse a medida que cambien las circunstancias.
Hay razones para estar optimista. Los países como China y la India aceptan que el cambio climático es un problema que concierne a todos y no sólo a aquellos países que más responsabilidad tienen en él. En los Estados Unidos y Japón también hemos visto un cambio de actitud bienvenido. En Europa existe ahora un consenso genuino y profundo acerca de la necesidad de actuar. El desafío ya no es de voluntad política. Es de cómo lograr un acuerdo, a la vez radical pero realista, que nos coloque claramente en la senda hacia un futuro con menos carbono. Está a nuestro alcance. No podemos permitirnos desperdiciar la oportunidad. (La Nación, 29) International Herald Tribune
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Allende
Por Óscar Landerretche M., economista Socialista
Los romanos decían "nomen est omen", el destino está en el nombre, al referirse a las tragedias de algunas estirpes condenadas a jugar roles en la repetitiva política oligárquica de la república romana. En algunas culturas primitivas se pensaba que conocer el nombre de algo otorgaba poder sobre ello o que pronunciar el nombre podía invocarlo. El dios hebreo no tiene nombre. Si lo tienen los demonios del antiguo testamento y los hombres. Como si el nombre fuera una certificación de un carácter imperfecto, terrenal y trágico.
Allende significa "de la parte de más allá", como cuando decimos "Allende los Andes" para referirnos a Argentina. Para mí, el legado de Allende y su destino están marcados en su nombre.
Su legado es la promesa de que "más allá" se encuentra el socialismo. Más allá de una barrera colosal se encuentra una economía más justa e igualitaria, una ciudadanía más plena e intensa, una vida más libre: libre del yugo del poder en todas sus formas, libre de la tiranía del apetito, libre de la esclavitud de la envidia, libre de la predestinación del origen social. Más allá se encuentran las utopías. Tan lejos que apenas las vislumbramos con los ojos entrecerrados. Apenas logramos distinguir sus formas borrosas y no somos capaces de describirlas. Solamente somos capaces de decir que se encuentran "más allá", en una cierta dirección. Solamente somos capaces de decir que se encuentran allende.
Todos somos prisioneros de nuestros tiempos. Y Allende lo fue. A él le tocó la Guerra Fría, la masiva incorporación del pueblo a la democracia electoral, el fin de las formas más feudales de explotación en el campo, la violenta urbanización de nuestro país. Con el beneficio de la distancia uno, sentado en un mullido sofá, comenta los errores suyos y de su gobierno. Ese es el lujo que debemos a quienes sacrificaron sus vidas, o murieron en un silencioso suplicio para salvar las nuestras. Allende cometió sus errores así como nosotros los cometemos, atrapados como estamos por los parámetros de nuestra época, enredados en nuestras opciones profesionales y en los derroteros lógicos de nuestra mente. A nosotros nos toca, entre otras cosas, las restricciones de la economía globalizada, los déficits de la educación pública, una economía atrapada en la producción de commodities, la captura del Estado y nuestros partidos por los poderes fácticos, la inexistencia de un sistema de formación permanente para trabajadores, las dificultades de financiamiento y desarrollo de los empresarios de origen popular. Seguramente, como Allende, haremos lo posible para enfrentar estos desafíos en el marco de nuestra realidad, enfilando nuestras erráticas trayectorias hacia los borrosos espejismos de nuestras utopías. Si somos exitosos, no llegaremos allende, sino que nos extinguiremos, como él, en el intento. Ese es el legado poético de su sacrificio: no la intransigencia o la falta de pragmatismo que algunos llaman consecuencia (no era su forma de hacer política), sino el compromiso con una forma de lucha política: en su caso, la revolución socialista a través de un proceso democrático. Se extingue la democracia se extingue Allende.
El legado de Allende no es que treinta años después implementemos su particular solución, un estadista como él no sería tan ingenuo. Sino que seamos fieles a nuestra lucha, cualquiera sea la forma que tenga, sin perder de vista la brújula mística de la utopía, y estando dispuestos a extinguirnos, como él, en el intento. Después de todo, las únicas formas de extinción no son la muerte. También existen la miseria de la soledad, la crueldad del ostracismo, el vejamen de ser traicionado por los compañeros: los castigos más crueles para quienes creemos en el valor de la vida política colectiva.
El Presidente Allende es nuestro compañero, no porque compartamos sus decisiones o porque no seamos críticos de sus errores, sino porque compartimos con él esa esperanza borrosa, ese sueño empañado, esa utopía amorfa del socialismo. El Presidente Allende es nuestro compañero por esa esperanza que se representa tan bien en las siguientes estrofas de su discurso final.
"Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor."
¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el escolar cuya calidad de educación no es función del ingreso de su hogar? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el empleado que se siente respetado y valorado por su empresa? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el ciudadano que es a la vez, trabajador, educador y estudiante? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el trabajador público respetado y admirado por su vocación de servicio? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el emprendedor popular con el mismo acceso a financiamiento de los herederos de propiedad o apellido? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el voluntario que siente que la sociedad honra su esfuerzo y lo acompaña? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el sindicalista que no teme por su futuro laboral? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el ciudadano que se siente interesado y participe del proceso público? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde pase la vecina pobladora sin temor a que se le asalte o a que sus hijos sean reclutados por el crimen? ¿Cuándo se abrirán las grandes alamedas por donde corran los niños sin temor a enfermar por el solo hecho de respirar? ¿Cuándo ocurrirá todo eso? ¿Cuándo despejaremos las grandes alamedas de los retenes de la realidad? ¿De las barricadas de nuestro pragmatismo, nuestra poca creatividad técnica, nuestra falta de arrojo político? ¿Nunca? ¿Cuándo?
Allende, compañeros allende.
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El PDC y la economía de mercado
Patricio Aylwin
El domingo 15 de junio, en un comentario editorial que tituló “Aylwin, PDC y mercado”, luego de comentar afirmaciones mías en el sentido de que, “nos guste o no”, el mercado ha demostrado ser “el mecanismo más eficiente para crear riqueza”, pero “sin justicia social, sigo pensando que el mercado es cruel”, “El Mercurio” expresa que aunque los gobiernos de la Concertación han conservado “el esquema económico de mercado”, las críticas que militantes del partido suelen expresar sobre “el papel que juega el mercado en la creación de riqueza” mantienen “la ambigüedad histórica de la DC a este respecto”. Dicho esto, luego de expresar que “la situación política de la DC es delicada”, porque “le resulta difícil esbozar una postura de centro atractiva para la ciudadanía y, a los ojos de muchos, el partido se ha transformado en una agrupación que sólo busca los cargos a sus militantes”, termina afirmando que “el congreso programático del año pasado no ha logrado perfilar hasta ahora, con nitidez, un planteamiento social coherente”.
No puedo menos que alegrarme por este comentario, porque —discrepando profundamente de lo que expresa— me da ocasión para informar a “El Mercurio” y a sus lectores de los acuerdos del V Congreso Ideológico y Programático de la DC, que, en un documento doctrinario y programático sobre nuestra identidad y los principios y valores que nos inspiran, definió y precisó las cuatro tareas que los democratacristianos nos proponemos para servir a Chile, a saber: Construir un país para todos, que, asumiendo los problemas del bajo ingreso nacional y su enorme desigualdad distributiva, impulse una nueva estrategia de desarrollo integral que, dentro del marco de una economía social de mercado, mejore nuestros recursos humanos mediante la educación y capacitación, apoye el emprendimiento y la productividad de nuestras empresas, estimule la responsabilidad social empresarial, genere más y mejores empleos, consagre un “salario ético” o justo y un modelo democrático de relaciones laborales, apoye la renovación y el desarrollo del país, mejore la gestión del Estado, estimule el funcionamiento del mercado, impulse el desarrollo humano y sustentable y aborde los grandes desafíos económico-sociales de nuestro país.
Hacer de Chile un país con más y mejor democracia, mejorando la calidad de la política mediante reformas constitucionales, legales y de hábitos políticos, que perfeccionen y estimulen la participación ciudadana, fortalezcan y mejoren el sistema electoral y el de los partidos; promuevan la transparencia, impulsen la descentralización y fortalezcan a los municipios.
Situar a Chile en un nivel de liderazgo en el ámbito internacional, procurando humanizar la globalización, promoviendo la paz mundial, fortaleciendo la cooperación internacional y, en especial, la integración latinoamericana.
Finalmente, hacer de Chile una sociedad menos individualista y promover la familia, la igualdad de género, la formación de los menores, la educación, la salud y la vivienda.
Ese documento constituye un planteamiento político, económico y social coherente que, inspirado en nuestra declaración de principios, debe orientar la conducta política del PDC, de su directiva, sus parlamentarios y sus militantes.
Dicho planteamiento corresponde a los valores y principios que, desde nuestros orígenes como Falange Nacional, los democratacristianos chilenos venimos sosteniendo, inspirados en la doctrina social de la Iglesia Católica, en el pensamiento de Jacques Maritain y otros pensadores cristianos y en el ejemplo de nuestros grandes líderes, como Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton, Radomiro Tomic, Manuel Bustos y Jaime Castillo.
No es una utopía, sino un camino serio para dar cumplimiento y hacer realidad los principios y valores que nos inspiran, que Michel Camdessus —nada menos que director del FMI y asesor del Vaticano— resumió en una orientación categórica: “A la mano invisible del mercado hay que agregar la mano fuerte de la justicia del Estado y la mano de la solidaridad”. Es lo que en nuestro Chile, mediante lo que hemos llamado “crecimiento con equidad”, hemos intentado realizar los gobiernos de la Concertación, desde el que tuve el honor de encabezar, pasando por los de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Ricardo Lagos, hasta el que actualmente encabeza nuestra Presidenta de la República, Michelle Bachelet.
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Allende
Por Carlos Peña
Visto a la distancia, el Chile de los sesenta resulta inverosímil. Para advertirlo basta un dato: cuatro de cada diez jóvenes chilenos lograban ingresar entonces al liceo y apenas un puñado de ellos conseguía terminar el ciclo de la enseñanza secundaria. De éstos, por su parte, un ínfimo puñado logra hacerse de un cupo en la universidad: menos de cinco por cada cien. Los pingüinos -los escolares como multitud- entonces no se conocían. Casi ninguno había alcanzado siquiera a pisar un colegio.
Y eso que sucedía en educación, ocurría también en salud y en vivienda.
En una palabra, la desigualdad de la que hoy día -con razón- nos quejamos no existía. Había algo aún peor: exclusión. Grandes sectores de la sociedad puestos al margen del sistema productivo, de la industria cultural, del sistema escolar.
En suma, la estructura productiva era incapaz de incorporar a amplios sectores.
Al lado de ella, sin embargo, según sugirió alguna vez Aníbal Pinto, había un sistema político incluyente y amplio que estimulaba las expectativas de todos.
Es lo que salta a la vista cuando uno se detiene a mirar los rastros y las huellas de esa época. Multitudes cuya pobreza parece entrar en contradicción con el carácter de sujetos colectivos, que, al mismo tiempo, son capaces de exhibir. Como si en el Chile de los setenta el reino de la necesidad fuera a parejas con el de la libertad. Como si el programa de Hegel -la masa convertida en sujeto- se hubiera cumplido de una vez por todas.
Esa es la escena a principios de la segunda mitad del siglo pasado. Una estructura productiva que dejaba al margen a grandes mayorías, y un sistema político, que, en cambio, las incluía y les permitía expresar sus demandas. Una estructura de producción que rehusaba a muchos incluso la condición de explotados, pero que concedía a todos la condición de sujetos partícipes de un destino común.
Es en medio de esa escena -esa contradicción- que se forja la figura final de Salvador Allende.
Él pensó que era posible modificar de manera radical esa estructura productiva sin sacrificar un ápice las rutinas, demasiado expansivas, del proceso político. Hacer cambios, que en otras partes se habían logrado a sangre y fuego, a punta de votos. En una palabra, transitar al socialismo, la igualdad en su máxima expresión, con las armas de la democracia. Todo un desafío: hacer algo que los clásicos del marxismo -fieles a una teoría violenta de la historia- habían rechazado una y otra vez. Fue la revolución de las empanadas y del vino tinto.
Al perseguir ese objetivo en apariencia insensato, Allende mostraba las características de un político de excepción, capaz de adherir, con el mismo énfasis y pareja sinceridad, a objetivos en apariencia inconsistentes: el logro de la igualdad en su máximo nivel y, a la vez, el respeto por la diferencia que exige la democracia. Él representó -mirado a la distancia no es poco- una radical voluntad de cambio con una insobornable voluntad democrática. Se apegó a las rutinas, a los modales y a las costumbres de la democracia con el mismo entusiasmo con que abrazó el deseo de igualdad para las mayorías entonces excluidas.
Un político capaz de dejarse llevar por esas ideas, que sabemos opuestas, y usarlas para seducir a otros, es una muestra de voluntad excepcional, una voluntad que sólo tienen los santos y los héroes. Una voluntad que hoy -cuando la política o se confunde con el narcisismo o con un trabajo alimenticio- parece una rareza.
Allende quemó así los últimos cartuchos del estado de compromiso que rigió los destinos de Chile entre el año 1932 y 1973: un arreglo social en el que las capas medias se hacían del Estado y arbitraban, mediante múltiples mecanismos -que iban desde el cabildeo en los pasillos del Congreso a la negociación en La Moneda- los conflictos sociales.
Allende fue, al mismo tiempo, la culminación de ese estado de compromiso y la entrada en el umbral de su fracaso. Como él dijo, con la lucidez de los condenados a muerte, se trataba de un tránsito histórico.
Y enfrentado a él pagó con su vida.
Hay varias formas de empalidecer la figura de Allende y se han ensayado casi todas. A su preocupación por la igualdad, se opone su frivolidad de burgués insustancial; a su riguroso apego a la democracia, su apoyo a los movimientos insurreccionales; a la expansión del consumo que alcanzó su gobierno, la escasez dramática que padeció el tercer año; a la valentía de sus horas finales, la amargura del suicidio; a la conciencia histórica que exhibió, el narcisismo de sus relaciones privadas.
Todos esos intentos son pueriles -no hay un gran hombre que a la mirada del burgués no parezca un amasijo de contradicciones- y ninguno de ellos logrará hacer olvidar que Allende dejó la valla a una altura que ninguno de sus contemporáneos, ni nadie hoy día, alcanza. Ni de lejos.
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